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De nuevo solo historias

En el titulo de https://fortanete.mabingenieros.com/las-vocalizaciones-de-los-murcielagos-y-una-nota-sobre-la-anemona-de-pavlov.htm se anunciaba una nota sobre el articulo https://fortanete.mabingenieros.com/la-anemona-de-pavlov.htm, nota que intentaba subsanar la pérdida del comentario en este último articulo. La nota también se perdió, por lo que resumo aquí ese comentario.

El descubrimiento de que las anemonas, animales sin cerebro, presentan aprendizaje asociativo, aunque en diversos medios fue tratado como una gran novedad, no es tal desde que se sabe que las amebas, organismos unicelulares y, por lo tanto, sin sistema nervioso (https://fortanete.mabingenieros.com/la-ameba-de-pavlov.htm), también son capaces de ese tipo de aprendizaje.

Voy a tratar de nuevo de lo que llamé “solo historias” en https://fortanete.mabingenieros.com/solo-historias.htm. Se trata de explicaciones ingeniosas y esforzadas (más bien forzadas) de hechos acudiendo a teorías o hipótesis conocidas sin que la concatenación de la explicación tenga otras bases que las puramente especulativas (conjeturas basadas en conjeturas). Por ejemplo, algunos han intentado explicar que algunas especies de rinoceronte tengan dos cuernos por selección natural, para adaptarse a su medio específico, pero ninguno ha sido capaz de explicar qué factor o factores del medio o de sus estilos de vida implican una selección a favor de un cuerno o de dos.

Algo así pasó durante mucho tiempo con la esclerótica de nuestros ojos. Mientras se creyó que su blancura era un rasgo exclusivamente humano, muchos se lanzaron a relacionarlo con nuestra adaptabilidad y nuestro dominio en la biosfera. Entre otros argumentos esgrimían su ventaja comunicativa (la esclerótica blanca facilita saber qué está mirando el individuo).

Lo que reveló finalmente esas teorías como solo historias derribándolas desde su misma base factual fue una investigación encabezada por Isabelle R. Clark y publicada en marzo por el Journal of Human Evolution. Se basó en el estudio mediante más de mil fotografías de 230 chimpancés de diversas edades de Ngogo, en el Parque Nacional Kibale de Uganda. El 15 % tenían la esclerótica blanca, siendo la esclerótica clara más común en las crías menores de año y medio. Un 41 % adicional tenía la esclerótica más clara que el iris. De los de esclerótica oscura, el 75 % tenía el iris más claro. De modo que si la captación de a dónde mira un individuo constituye una ventaja comunicativa, los chimpancés también la deben de disfrutar, pese a lo cual su éxito evolutivo es más bien pobre.

Lo que viene a decirnos esto, además de que la esclerótica blanca no es exclusiva de nuestra especie (y habría que añadir a los gorilas: también se han encontrado gorilas con la esclerótica blanca), es que la explicación de nuestro éxito por la blancura de la esclerótica no se sostiene en absoluto, que es solo una historia. Habrá que ampliar el campo de visión para ver qué ventaja supone realmente ese rasgo y también pensar en otras cosas para explicar nuestro buen desempeño evolutivo.

Mayo de 2023

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