Julio Loras Zaera

fortanete

Profesor Francho de Fortanete A la luz de la ciencia. Biología y asuntos humanos

Uso de drogas en la Edad del Bronce

Antonio Escohotado escribió una historia de las drogas, a las que él prefería llamar fármacos, en tres documentados tomos. Aunque no me convence su postura ultraliberal, que le lleva a veces a falsificar algunas realidades, como cuando dice que el mono de los heroinómanos no pasa de un malestar parecido a una gripe fuerte y que son plenamente responsables de los delitos que cometen para conseguir su droga, reconozco que explica con mucha verosimilitud que el uso de drogas ha acompañado a nuestra especie desde el principio, que no es algo propio de nuestra época, como sí lo es, y a gran escala, su persecución selectiva, selectividad que no depende de los efectos perjudiciales de cada droga. Así, por ejemplo, se persigue duramente el hachís y no se persiguen ni el café, ni la cerveza, ni la teobromina del cacao. Y el tabaco se persigue más mediante la persuasión y leyes blandas que con la dureza de la coca me refiero a la hoja, no a la cocaína.

Pero no es ese el tema que quiero tratar, sino el del uso de drogas en la prehistoria, a propósito de una investigación de cinco prehistoriadores de la UAB y un químico chileno sobre el uso de esos fármacos en la Edad del Bronce https://rdcu.be/e2IUF.

Introducen el artículo hablando de plantas medicinales, lo cual no es contradictorio con hablar de drogas, cuya finalidad principal no es precisamente la cura, sino que tienen otras muchas ajenas a la misma, como el entrar en trance, ver visiones, usos recreativos o contactar con los espíritus, entre muchas otras. Pero enseguida se aclara que se refieren a esto último, cuando hablan de la dificultad de rastrear en los yacimientos el uso de sustancias que alteran la mente y de que solo el empleo de diversas disciplinas como la arqueología, la química, la arqueobotánica y otras muchas combinadas ha permitido determinar indirectamente la utilización de drogas en la Prehistoria de Eurasia y América.

Estos investigadores han podido hacer lo mismo por métodos directos, estudiando el yacimiento de la cueva de Es Càrritx, en Menorca. Se trata de una cueva utilizada como lugar funerario, cerrada con grandes bloques de piedra, que fue descubierta intacta por dos espeleólogos.

Informan los autores que por la época en que la cueva tuvo funciones funerarias, entre el 1400 y el 800 a. C., era la Edad del Bronce Tardía, y que se han encontrado en la isla yacimientos funerarios donde, además de los cadáveres y sus ajuares, se inhumaban mechones de sus cabellos teñidos de rojo dentro de tubos de madera. En Es Càrritx, donde en la cámara 1 había sobre doscientos individuos emparentados, naturalmente enterrados en cientos de años, parece que parte de esos tubos se trasladaron a la cámara 5, que fue sellada. Ahí se encontraron, además de los recipientes tubulares con cabellos, diversos objetos que debían de constituir los ajuares funerarios de los difuntos, pero no restos de cuerpos. En la cámara 5 había muchos menos recipientes tubulares que en la 1, lo que puede indicar que correspondían a individuos de estatus especial.

Figura 1. Sección longitudinal de la cueva. El espacio funerario era la cámara 1, pero los tubos conteniendo cabellos se trasladaron a la cámara 5, que fue sellada. A es una ampliación de la parte de esta cámara donde se depositaron los tubos. B es una sección del depósito encontrado en la cámara 5.

Explican cómo se cree que se teñían esos cabellos y qué pigmentos debían de usarse para ello. Pero lo que me parece más interesante es el análisis que se hizo de esos mechones empleando técnicas de toxicología forense.

Figura 2. Cabello encontrado en uno de los recipientes de la cámara 5. En los mechones hallados no había restos de bulbos capilares, por lo que no se puede decir si correspondían a varones o a mujeres.

Ese análisis permitió establecer que aquellos individuos consumían alcaloides como la atropina, la escopolamina, la efedrina o el opio mediante el consumo de solanáceas atropina y escopolamina, efedráceas efedrina o la adormidera silvestre, todas ellas con propiedades más o menos medicinales, pero con importantes efectos psicoactivos. No me parece que todos los individuos inhumados allí hubieran necesitado medicinas. Más bien creo que debían de utilizar esas plantas en rituales, tal vez, chamánicos. En cuanto a las plantas utilizadas, sus efectos conocidos son diferentes en cada caso. Las solanáceas ya eran consideradas muy frías por Andrés Laguna en el siglo XVI, que escribió que producían sueños y visiones terroríficos. Esto abona la idea de que los rituales debían de ser controlados por chamanes, como pasa con la ayahuasca. Las efedráceas, en grandes dosis, amortiguan la sensación de cansancio, así como producen excitación y verborrea. La adormidera produce analgesia, estado de duermevela, relajación y sensación de bienestar.

Considerando que los alcaloides se incorporan al cabello a partir del bulbo y quedan fijados en aquel a medida que crece, se supuso que los individuos propietarios de esos cabellos los habían consumido durante casi un año. No se pudo determinar nada más preciso por la falta de bulbos capilares, lo que no permitió averiguar que extremo correspondía a las raíces, ni, por lo tanto, los momentos de consumo, ya que, al parecer, se cortaba el pelo de los cadáveres.

En la discusión, y a falta de datos precisos y fiables sobre consumos de esas drogas en sociedades prehistóricas o en sociedades de tecnología sencilla, se comparan los resultados del análisis con los obtenidos de individuos actuales. Es muy interesante la comparación, pero mi tema no es ese.

Ni en otros yacimientos funerarios de la isla ni en Es Càrritx se han encontrado restos de las plantas que contienen esos alcaloides psicoactivos, lo cual no quiere decir que no pertenezcan a la flora de la isla, sino que no debían consumirse en los rituales funerarios. De hecho, hasta hace poco, se han consumido algunas de esas plantas en la isla, incluso fumadas, con fines medicinales y no psicoactivos.

Lo esencial del artículo acaba con una conjetura: que los rituales funerarios fuesen dirigidos por chamanes movidos por esos alcaloides. Es una conjetura que no me convence en absoluto y que me parece que entra en contradicción 1 con la ausencia de restos de esas plantas en los yacimientos y 2 con la presencia de esos alcaloides en el pelo analizado que indica casi un año de consumo.

Me parece más plausible que el pueblo que enterró a sus muertos en Es Càrritx realizara ritos con psicoactivos en contextos distintos de los funerarios y que lo hiciera frecuentemente, como parece indicar el tiempo que se determinó de consumo. Y también, sin que suponga excluir lo anterior, que sus gentes tuvieran el hábito de consumirlos frecuentemente de manera individual. Sobre esto último, sin necesidad de acudir a las costumbres actuales, se dan bastantes casos en sociedades de tecnología sencilla y en sociedades campesinas. Por ejemplo, los jornaleros agrícolas jamaicanos fuman continuamente marihuana para soportar las pesadas y largas jornadas de trabajo, pero también cuando no trabajan, como hábito recreativo; los mineros bolivianos mastican hojas de coca para obviar la fatiga, aliviar la sensación de hambre y soportar el duro trabajo, pero también las mastican en su poco tiempo de ocio; en los años veinte y treinta, los inmigrantes mexicanos en los EEUU, fumaban habitualmente marihuana como práctica recreativa; los chinos consumían opio bebido como analgésico, hasta que en el siglo XVIII empezaron a usarlo de forma recreativa y solo en el XIX, por influencia y presión europea, empezaron a fumarlo.

Lo que quiero decir es que me parece que se peca de un poco corto de vista cuando únicamente se asocia el uso de drogas a los rituales colectivos y no se tiene en cuenta que también se pueden usar individualmente, y que esto se ha hecho en muchas culturas, no es solo propio de la degeneración de los tiempos modernos. Y digo yo que los enterrados en Es Càrritx no se pasarían casi un año de ritual en ritual.

Septiembre de 2026

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