Julio Loras Zaera

fortanete

Profesor Francho de Fortanete A la luz de la ciencia. Biología y asuntos humanos

Resulta que el chico de la gran dolina era una chica

Tanto tiempo hablando del Chico de la Gran Dolina desde que lo descubrió el equipo de Arsuaga y Bermúdez de Castro, tanta tinta que ha corrido sobre ese Homo antecessor hacia el final de la adolescencia, y ahora resulta que no era un chico, sino una chica. Lo ha descubierto la paleoantropóloga Cecilia García-Campos, gracias al estudio de uno de los dientes de este fósil, concretamente el canino superior derecho. No sé si el hallazgo ha sido publicado en alguna revista científica, de modo que la noticia que tengo es por la televisión, mediante un vídeo de algo más de un minuto en que esta investigadora da cuenta del descubrimiento, sin explicar cómo ha llegado a esa conclusión. No sé mucho de dientes, pero sí sé que hay en nuestro género un ligero dimorfismo sexual en la dentadura, siendo los dientes masculinos de mayor tamaño que los femeninos, por ejemplo, en lo que se refiere a su diámetro mesial-distal (la distancia entre la parte que da al interior de la boca y la que da a la mejilla o al labio). Por eso supongo que se habrá basado en eso, ya que la dentadura de los fósiles de Atapuerca, así como su desarrollo cuando estaban vivos eran muy similares a los nuestros.

El descubrimiento puede parecer que no tiene importancia, pero creo que la tiene, y mucha, en la medida que ha puesto en evidencia la existencia de un sesgo de género entre los estudiosos (y estudiosas, que tampoco ellas se salvan) de la evolución humana, sesgo que es general en nuestra sociedad. Yo mismo lo tenía, inconscientemente, hasta que apareció la noticia de que el Chico era la Chica. Caí en la cuenta, entonces, de que la gran mayoría de reconstrucciones no artísticas de homininos fósiles nos presentan individuos de sexo masculino, de modo que parecería que los machos fosilizan más fácilmente que las hembras. Esta fosilización diferencial es esperable cuando se trata de individuos en diferentes fases de desarrollo, puesto que los huesos de los adultos están más desarrollados y son más gruesos que los de los adolescentes o los niños, pero no hay gran diferencia entre los huesos de machos y hembras en la misma fase de desarrollo.

Y no solo eso. La paleoantropóloga que ha cambiado el Chico por la Chica, en el vídeo de la noticia, nos dice además que la Chica de la Gran Dolina murió en una pelea, presumiblemente, entre dos grupos, aunque no se atreve aún a decir si su papel en ella fue activo o pasivo. Presumo que si se llega a dilucidar eso, resultará que la Chica intervino activamente. He visto a demasiadas mujeres pelear como leonas como para que eso me asombrara.

Otros descubrimientos que evidencian ese sesgo de género se han dado con relación a los últimos 9.000 o 10.000 años. El 4 de noviembre del año pasado, un equipo mixto de arqueólogos dio cuenta del descubrimiento en el sitio de Wilamaya Patjxa, en los Andes, de un enterramiento humano asociado con armas y herramientas útiles para la caza mayor. El individuo enterrado era una mujer. El equipo intentó establecer si la caza mayor por parte de mujeres era algo casual y anecdótico o algo habitual. Para ello revisaron los entierros conocidos del Pleistoceno tardío (hasta hace 10.000 años) y del Holoceno temprano (el período posglacial) de las Américas, identificando 429 individuos en 107 sitios. De todos ellos, 27 individuos de sexo identificado en 18 sitios asociados con herramientas de caza mayor. En 10 de esos sitios se habían encontrado 11 mujeres. Se encontraron 16 varones en 15 sitios. De este metaanálisis concluyeron, con gran solidez estadística, que la práctica por las mujeres de la caza mayor había sido algo habitual hace 10.000 años.

Ese estudio, a mi modo de ver, puso en evidencia un sesgo de género en los estudios arqueológicos y de prehistoria. Se asumía sin discusión (excepto por parte de personas que, independientemente de que fueran o no especialistas, aducían argumentos puramente ideológicos) que en nuestra especie la división sexual del trabajo venía desde el principio de los tiempos. Unos aducían pretendidas diferencias genéticas, otros diferencias hormonales y otros, más pegados a los hechos, alegaban diferencias medias en musculatura y fuerza que harían más rentable, dado que en la infancia no se puede determinar la fuerza que tendrá un individuo, educar para la caza mayor (y para la guerra) a los varones. Tenían a favor el hecho de que todas las sociedades de cazadores-recolectores conocidas (excepto, tal vez, los agta de Filipinas, que cazan a la carrera reventando a las presas) tienen esa división sexual del trabajo. Pero el reconocimiento de un motivo aparentemente científico para mantener esa posición no es excusa para el abandono de la investigación de posibilidades diferentes. Precisamente uno de los acicates de la ciencia es la búsqueda de hechos que contradicen lo generalmente aceptado.

Un tercer descubrimiento que ha puesto patas arriba el sesgo de género en los estudios del pasado es la determinación en 2017 de que el guerrero vikingo de Birka del siglo X era en realidad una guerrera de alto rango, enterrada con toda la panoplia de armas de un vikingo. Ha habido antropólogos, historiadores y arqueólogos que han objetado que el hecho de que fuese enterrada con esas armas no implica necesariamente que fuese realmente una guerrera. Lo curioso del caso, para mi, es que esas objeciones no se plantean nunca cuando el individuo enterrado es un varón. Objeciones del mismo tipo se plantearon en cada uno de los enterramientos citados más arriba, sin que se plantearan dudas cuando los individuos enterrados eran varones.

Para acabar, me atrevo a hacer una reflexión. Es así, con hechos incontrovertibles que cambian la imagen de las mujeres dándoles autoconfianza (no me gusta nada el neologismo empoderamiento) como se contribuye realmente a la causa de la igualdad, y no con bobadas (siento ser tan duro, pero es literalmente lo que pienso) como el llamado lenguaje inclusivo, con sus “hombres y mujeres”, ”les”, “lxs”, “l@s”, “todos y todas”, “miembros y miembras” o “portavoces y portavozas”, que fuerza la gramática, hace el ridículo y no cambia nada en realidad, aparte de que pone en guardia a quienes miran con prevención el feminismo.

Julio de 2021

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