Julio Loras Zaera

fortanete

Profesor Francho de Fortanete A la luz de la ciencia. Biología y asuntos humanos

Rarezas pseudocientíficas de grandes científicos

Puede parecer difícil de creer, pero los grandes científicos no son inmunes a las teorías pseudocientíficas. Ni siquiera los premios Nobel lo son. He aquí cuatro ejemplos.

El primero es Ilya Iylich Mettchnikof, galardonado en 1908 con Paul Erlich por su descubrimiento del sistema inmune celular. Erlich había desentrañado la inmunidad humoral y ambos tuvieron una larga y dura polémica que se saldó con el reconocimiento de que el sistema inmune tiene mecanismos celulares y humorales.

Ese mismo año, el científico ucraniano1 publicó un libro sobre la longevidad de los campesinos búlgaros, entre los cuales había muchos de más de cien años con buena salud. Lo atribuyó a su costumbre de comer mucho yogur casero. Fermentaban la leche, combatiendo sin saberlo la putrefacción y la inflamación poducida por bacterias. Según él, la acidez de la leche fermentada destruía esas bacterias. Consecuente con su idea, desde ese año, ingirió varios yogures diarios e hizo consumirlos rutinariamente a toda su familia. Murió a los 71 años, su mujer a los 84. Esto solo es un chascarrillo, la esperanza de vida es una cuestión estadística, de probabilidades. Lo que no es un chascarrillo es que el hecho de que aquellos campesinos consumieran mucho yogur 1 no significa nada si no se comparan con una población que haga lo mismo, 2 tampoco significa nada si no se compara con una población longeva que no tenga esa costumbre dietética y 3 lo de las bacterias putrefactoras no se sostenía con ningún hallazgo de las mismas y tampoco probó que la acidez del yogur las combatiera.

Sin embargo, su intuición llevó con el tiempo al estudio de la microbiota intestinal y el posible papel beneficioso de los probióticos. Ideas equivocadas pueden llevar a veces a hallazgos interesantes, siempre que se pongan rigurosamente a prueba. No fueron los casos de los Nobel que vienen a continuación.

Linus Pauling fue de los pocos que han recibido dos premios Nobel, el de Química en 1954 y el de la Paz en 1962. El primero le fue otorgado por su aplicación de la mecánica cuántica al enlace químico y a los enlaces de las sustancias complejas, entre ellas proteínas como la hemoglobina.

En 1941, Pauling fue diagnosticado de una enfermedad renal. Por consejo de un amigo médico de la familia tomó suplementos vitamínicos. Creyó controlar la enfermedad y se sensibilizó sobre estos suplementos. Estando fuertemente acatarrado, creyó curarse a base de tomar dosis de 3 g de vitamina C. A la semana el resfriado había desaparecido los resfriados suelen durar cosa de una semana. Desde ese momento, se convirtió en el apóstol de la vitamina C, y no solo contra los resfriados. Por influencia del psiquiatra Abram Hoffer, que había escrito un libro sobe enfermedad mental y vitaminas, Pauling también recomendaba los suplementos vitamínicos contra esas enfermedades. Y más tarde extendió su apostolado a los cánceres. Promovió lo que llamaba medicina ortomolecular, consistente en proporcionar masivamente al cuerpo las vitaminas que necesitara, supuestamente recuperando el equilibrio perdido. No hay por dónde cogerlo, es bastante bizarro.

Luc Montagnier, Nobel en 2008 por su descubrimiento del VIH y sus estudios sobre el mismo. Más adelante, pasó a defender la homeopatía y la memoria del agua, la curación del autismo con antibióticos, que el Covid 19 había sido creado en un laboratorio con fragmentos genéticos del VIH y rechazar las vacunas. Y así hasta su muerte en 2022.

El último de mi lista es Kary Mullis, galardonado en 1993 por la creación de la técnica de ampliación de los ácidos nucleicos conocida como PCR Reacción en Cadena de la Polimerasa. Ya desde antes de recibir el premio era un conspiranoico que negaba que el cambio climático fuese causado por las actividades humanas, lo mismo que hacía respecto al encogimiento de la capa de ozono. Afirmaba que lo de esos problemas solo era una campaña de científicos, agentes gubernamentales e izquierdistas que dependían de subvenciones. Negaba que el SIDA fuese causado por el VIH y creía en la astrología. Murió en 2019. Los otros científicos de esta lista se pueden considerar anomalías, aunque a mí no me lo parecen, pero Mullis me parece un caso diferente. El Nobel no le fue concedido por ningún descubrimiento, sino por la puesta a punto de una técnica que es muy útil en ciencia, en medicina y en otros campos, pero la puesta a punto de una técnica no me parece ciencia, sino ingeniería que usa más o menos conocimientos de ciencia y mucha perspicacia práctica y eso no está, de ningún modo, reñido con la pseudociencia.

No considero anomalías ni a Pauling ni a Montagnier. En primer lugar porque nuestra psicología es muy complicada y permite que seamos muy racionales en algunos temas y totalmente irracionales en otros. En ese sentido, recuerdo la anécdota de un insigne historiador jesuita que recibió un premio y dijo que estaba comprometido con la verdad. Tan comprometido que difundía las verdades inverificables de la Biblia.

Para continuar, lo específico de estos casos es el haber sido galardonados con el Nobel. Generalmente, personajes como estos, llenos de orgullo merecido, se creen con autoridad para pontificar sobre campos que no conocen.

Finalmente, esto debe hacernos cautos y no creer porque lo diga el gran Fulano o el gran Mengano, sobre todo cuando hablan de especialidades que no son las suyas. Hemos de buscar o pedir pruebas o consultar a otros especialistas.

Julio de 2026

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1 Como pasa con Mendel, que es reivindicado por Austria y por Chequia, dado que nació en esta última cuando formaba parte del imperio austrohúngaro, Metchnikoff lo es por Rusia y Ucrania, dado que cuando nació, este último país no era una nación y se consideraba rusos a sus habitantes.

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