Curiosidades del Profesor Francho de Fortanete

Profesor Francho de Fortanete

El porqué de la menopausia


Las mujeres experimentan una cesación de sus funciones reproductoras alrededor de los cincuenta años, a la cual sigue normalmente un largo período de vida. Esto no es habitual en los mamíferos. De hecho solo se sabe de cuatro especies de cetáceos odontocetos que parecen experimentar algo similar, a saber, las orcas, las ballenas piloto, los narvales y las belugas. La explicación evolutiva de este rasgo debe tener en cuenta las características especiales de estas especies respecto a los demás mamíferos.

Para empezar, hay que tener en cuenta, según la teoría evolutiva al uso, que en principio la selección natural no favorece la prolongación de la vida más allá del período reproductivo, ya que también en principio la eficacia biológica de los individuos incapaces de reproducirse es nula. En los mamíferos, la vida reproductiva de las hembras está absolutamente limitada por el número de folículos ováricos que albergan, establecido desde antes del nacimiento. Por razones que no se conocen, la reserva de cientos de miles de folículos decrece rápidamente en las mujeres desde la infancia a la edad adulta, agotándose alrededor de los cincuenta años, lo que marca el fin de sus funciones reproductoras. En cambio, las otras funciones disminuyen muy lentamente, pudiendo mantenerse hasta edades avanzadas. La menopausia es el resultado del rápido declinar de la función ovárica frente a la muy lenta disminución de las funciones somáticas.

Se ha definido la representación postreproductiva como la proporción de los años vividos como hembras postreproductivas respecto a los años de vida totales. En la mayoría de los mamíferos salvajes es próxima a cero. Los valores de esta proporción para chimpancés y elefantes son, respectivamente, 0,01 y 0,04. Para las orcas es 0,31 y para las mujeres Hadza (cazadoras-recolectoras), 0,44. Las orcas hembras cesan la reproducción a finales de los treinta o principios de los cuarenta años de edad, pudiendo vivir hasta los setenta u ochenta, de manera similar a las mujeres en condiciones de fertilidad naturales.

Una hipótesis para explicar la evolución de la menopausia es la de las abuelas. Las viejas hembras que ya no pueden producir descendencia directa que lleve sus genes, pueden promover la de sus hijos e hijas, con la que comparten una parte significativa de sus propios genes. En estas condiciones, la selección favorecería hembras viejas que ayudasen a criar a sus nietos. Sería una forma de selección de parentesco. Algunos estudios sobre el efecto de las abuelas en la fertilidad natural de poblaciones humanas indican que la costumbre del cuidado de los nietos por las abuelas favorece la supervivencia y el éxito reproductivo de su descendencia.

Sin embargo, la cosa no está tan clara. No está claro que la promoción de la descendencia de los hijos e hijas supere los beneficios de criar directamente los hijos propios, puesto que mientras con estos se comparte la mitad de los genes, con los nietos solo se comparte un cuarto, con lo que, para que resultase favorecido el cuidado de los nietos, su número debería ser por lo menos el doble que el de los hijos. Se ha apuntado, en respuesta, que a partir de cierta edad el riesgo de no poder parir en buenas condiciones, de hacerlo con peligro para los hijos o para la propia madre compensaría los beneficios de tener descendencia propia. Análisis cuantitativos sugieren que la cesación reproductiva se produce antes del momento en que el balance de costes y beneficios dejaría de ser óptimo.

Una posible explicación del momento en que se produce la menopausia podría ser que la crianza de los niños humanos es muy costosa y suele requerir el concurso de adultos diferentes de los progenitores, generalmente, pero no solo, parientes. De ahí que una mujer que continúa pariendo pueda disminuir el suministro de ayuda disponible para criar los hijos ya existentes. Hay evidencia que sugiere que la co-reproducción de mujeres de varias generaciones reduce la eficacia biológica de la generación más joven, habiéndose obtenido resultados similares en las orcas. Así pues, del mismo modo que los beneficios de la selección de parentesco dan una explicación plausible de la vida postreproductiva, los costes parecen apoyar la temprana senescencia reproductiva. La eficacia de esta estrategia para minimizar la competencia reproductiva intergeneracional es recalcada por el fuertemente bajo grado de solapamiento reproductivo en los humanos y en las orcas en comparación con los mamíferos que no presentan menopausia.

¿Por qué se da la menopausia en humanos y odontocetos pero no en otros mamíferos? Los naturalistas han encontrado muchos ejemplos de altruismo reproductivo en animales, pero a diferencia de lo que sucede con nosotros y con los odontocetos, ese altruismo, en la mayor parte de los casos se da por parte de individuos jóvenes, no por parte de hembras viejas, hacia hembras mayores. La explicación podría basarse en el hecho de que humanos y odontocetos somos mamíferos sociales que estamos más apegados al grupo a medida que envejecemos. Las hembras de los odontocetos permanecen unidas a su grupo, con lo que es plausible que se produzca selección de parentesco para que las viejas se ocupen de los hijos de las jóvenes.

Y aquí me surge una duda respecto a los humanos. Se trata de lo siguiente: en las sociedades humanas se da una gran variación en cuanto a la permanencia de las mujeres en sus grupos originarios. Hay sociedades en que las mujeres permanecen en su grupo original, cambiando de grupo los hombres. En otras, son las mujeres las que cambian y los hombres quienes permanecen. Y en otras, cambian en unos casos los hombres y en otros las mujeres. Lo cual hace falsa la hipótesis hasta aquí comentada para las mujeres. A no ser que durante los cientos de miles de años previos lo corriente fuese el desplazamiento de los hombres, cosa que no sabemos.

Junio de 2019