No dar puntada sin hilo(1): Darwin y la expresión de las emociones

Prácticamente toda la obra de Darwin, pese a tratar temas dispares, consiste en apoyos a su teoría de la evolución por selección natural. Solo el Viaje de un naturalista su diario del viaje en el Beagle alrededor del mundo, tiene poco que ver con ello, y eso, porque cuando lo escribió estaba lejos de tener algún atisbo de su revolucionaria teoría. Así, su trabajo sobre los arrecifes de coral es una exposición de una de sus maneras de abordar la historia, tomando series de seres coetáneos como guía para elaborar series diacrónicas plausibles. Su monografía sobre los cirrípedos, esos crustáceos “aberrantes”, es la primera clasificación zoológica guiada por la teoría de la evolución y en ella, además, critica, con toda la amabilidad y tacto que le caracterizaban, la falta de teoría en la clasificación linneana, la numerología de las clasificaciones quinarias y, por su falta de verificabilidad, las clasificaciones que intentaban descubrir el plan del Creador. Estos dos trabajos son anteriores a El origen de las especies, la publicación oficial de su teoría, pero se nutren de ella, que ya tenía plenamente desarrollada. En 1862, publicó el trabajo sobre las orquídeas, todo un tratado sobre cómo la selección natural actúa sobre elementos que tienen determinadas funciones consiguiendo, por su transformación gradual, que realicen otras muy distintas. En 1868 le tocó el turno a la variación como materia prima de la selección natural. Y en todos sus trabajos no se limitó a exponer escuetamente la teoría, sino que están llenos de observaciones y experimentos que la prueban, hasta el punto que colman la curiosidad del lector mas curioso. En El origen del hombre expone extensamente su teoría de la selección sexual. Y así pasa con todas sus obras, excepto, aparentemente, dos. Una de esas dos es La expresión de las emociones en el hombre y en los animales.

Aparentemente, a diferencia de lo que pasa con sus otras obras, La expresion de las emociones es una simple incursión en la psicología, entonces en sus inicios como disciplina científica, concretamente, en lo que se conoció como psicología comparada. Esta disciplina fue abandonada a principios del siglo XX, con el auge de la psicología funcionalista y su versión más extrema, el conductismo. Aunque resucitó posteriormente de la mano de científicos como Konrad Lorenz y Niko Tinbergen con el nombre de etología. Los etólogos estudian la conducta y la mente de los animales un poco a la manera en que lo hizo Darwin, relacionando los estados mentales con los movimientos y las reacciones fisiológicas observables y comparando diversas especies. Aunque Darwin, en el libro comentado aporta muchas más evidencias y observaciones (por cierto, muy meticulosas y cotejadas con las de muchos otros observadores) sobre la expresión de las emociones en nuestra especie, también aporta observaciones y experimentos con muchas otras especies. Varias de sus conclusiones, importantes en su tiempo, han sido superadas por científicos posteriores. Así se podría resumir lo que a primera vista es ese libro. Pero hay más, en las obras de Darwin siempre hay más, aunque en esta cueste un poco percibirlo. En todos los capítulos y apartados de esa obra hay comentarios y argumentaciones basados en la teoría presentada en El origen, incluso del tipo que, por desconocerse en su tiempo el modo de producirse la herencia (por ejemplo, la influencia del uso y desuso o la transformación del hábito en instinto, al lado de la selección natural), ha quedado superado y hoy se considera equivocado. Y las comparaciones que hace entre la expresión de algunas emociones en los animales y en nosotros apuntan claramente a reforzar su idea de que nuestra especie, tanto en su fisiología, como en su anatomía, como en su conducta y en sus facultades mentales (tema, este último, ya tratado en El origen del hombre) procede de un animal inferior, como decía él.

Otra cosa que me llama la atención en este libro es que es un ejemplo muy claro de su manera de hacer ciencia. En primer lugar, analiza toda la literatura existente en su tiempo sobre el tema de la obra con una visión crítica de la misma basada en observaciones. En segundo lugar, aporta numerosísimas observaciones muy detalladas. En terce lugar, trabaja con un nutrido equipo informal de corresponsales que le aportan sus observaciones. Y la mayoría de las veces esos corresponsales trabajan guiados por sus amables indicaciones sobre qué han de observar exactamente, incluso les envía cuestionarios precisos. Algunos de ellos son científicos como él, pero muchos otros son misioneros, funcionarios coloniales, simples aficionados e incluso nativos sin educación formal. Después de leerlo dos veces, esto es lo que me parece más imperecedero de La expresión de las emociones.

Marzo de 2020

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