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Los estados alterados de conciencia son predecibles y también lo son sus contenidos

En la revista Anthropology of Consciousness encontré en diciembre del año pasado un interesantísimo artículo sobre el trance y los estados alterados de conciencia, que son universales https://doi.org/10.1111/anoc.12222, escrito por los antropólogos Christine S. VanPool, Laura Lee, Paul Robear y Todd L. VanPool. No habiendo leído muchas veces más que los índices de esa revista, había pensado que era cosa de idealistas metodológicos y, por qué no decirlo, de chiflados. Pero el titulo del que voy a comentar me llamó la atención positivamente. Es “Trance, posture and tobacco in the Casas Grandes shamanic tradition: Altered states of consciousness and the interaction of behavioral variables”. El título, lejos de prometer elucubraciones místicas al estilo Castaneda, promete un estudio serio de esos estados y de los factores que intervienen en su producción.

Lo que sea un estado alterado de conciencia es difícil de definir, pero podría considerarse como una situación en la que el individuo, despierto, tiene un estado de conciencia distinguible del estado “típico”, lo que puede incluir percepción distorsionada de la realidad circundante o directamente aleja miento de ella. En este sentido, una persona esquizofrénica, durante un brote psicótico, tiene un estado alterado de conciencia. Pero aquí no se trata de estados patológicos, sino de estados que puede alcanzar cualquier persona típica mediante diversas prácticas. Una persona borracha tiene un estado alterado de conciencia, del mismo modo que lo tiene una que usa psicodélicos o una que baila sin descanso a un endiablado ritmo de percusión o una que se somete a asfixia transitoria.

El trance es un tipo de estado alterado de conciencia y los antropólogos lo definen como una alteración notable pero temporal del estado ordinario de conciencia. El artículo de los antropólogos trata del trance en la cultura chamánica del período Medio de Casas Grandes Chihuahua, México, entre 1200 y 1450 d. C.. Puede parecer difícil estudiar la práctica del trance en una cultura de hace seis siglos, pero los autores se basan en los conocimientos, abundantes, de las prácticas chamánicas que perviven en muchos lugares del mundo para entender las de Casas Grandes en los siglos XIII a XV.

No creo que el Casas Grandes Medio interese demasiado a quienes no sean antropólogos o arqueólogos profesionales, pero el artículo va más allá de esa cultura específica, teniendo un alcance general que creo que interesará a quienes siguen al Profesor Francho y tratando del trance en general.

Según los cuatro antropólogos, en el trance influyen como generadores y pueden ser influidos por él los siguientes seis factores: el uso de enteógenos, la psicología/genética del individuo, su idiosincrasia, el ambiente incluyendo cosas como la postura, los movimientos o los sonidos, las expectativas culturales y los grupos de pertenencia clase, género, facción política…. En los cuatro primeros no hay discusión, mientras que hay alguna en el quinto y mucha en el sexto. Respecto al quinto, muchos estudios etnográficos lo abonan. Por ejemplo, en varios pueblos nativos americanos, los jóvenes debían pasar una dura prueba días de aislamiento total, frío, hambre, sed y dolor autoinfligido para acceder al rango de guerrero y el paso venía marcado por la visión de un animal bisonte, oso, puma… que les revelaba un secreto y se convertía en su protector. Todos los jóvenes conseguían esa visión. Más difícil resulta convencer del sexto factor, la afiliación, pero si uno considera cierto el factor anterior no es difícil transferir esa certeza a este.

De todos modos, en el artículo que comento, se dice muy poco de ese último factor, aunque sí algo del género al comentar las pinturas y la cerámica de Casas Grandes. Tampoco se dice mucho del factor expectativas culturales, centrándose en el uso de enteógenos y en el ambiente, en concreto en el movimiento y la postura. En cuanto a los enteógenos, baste con comparar las figuras 1 y 2. La primera reproduce una pintura de Casas Grandes y la segunda, una de los huicholes del oeste de México. En la figura 1

Figura 1. Visión de Casas Grandes, inducida por tabaco

Figura 2. Visión huichol, inducida por peyote

no hay color, mientras que la figura 2 tiene un colorido luminoso y alegre. En la cultura de Casas Grandes se usaba el tabaco, mientras que en la de los huicholes se usa el peyote.

Los autores del artículo tratan extensamente sobre el movimiento y la postura en la inducción del trance. El uso de posturas inusuales e incómodas, incluso peligrosas, es habitual en chamanes de todo el mundo. También el de la inmovilidad absoluta, aunque hay casos de práctica de la danza acompañada por ritmos frenéticos durante cosa de 15 o 20 minutos. El trance suele durar lo que duran los ritmos o las posturas.

El trance no se limita a los chamanes ni, aunque así lo haga creer el hecho de que muchos individuos lo alcancen con ayuda de chamanes, se necesita ningún chamán para lograr alcanzarlo. Así lo confirman serios estudios con personas de nuestra cultura realizados por instituciones como el Coyamungue Institute, que trabaja sobre el estudio del papel de las posturas corporales rituales con métodos fisiológicos y neuropsicológicos.

Después de leer el artículo he llegado a la conclusión de que es posible predecir los estados alterados de conciencia y sus contenidos, aunque, hoy por hoy, solo sea posible hacerlo de una manera probabilística, dado el papel de los factores individuales.

Julio de 2024

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