Julio Loras Zaera

fortanete

Profesor Francho de Fortanete A la luz de la ciencia. Biología y asuntos humanos

Longevidad y genética

Los medios, especialmente las televisiones, envían invariablemente a enjambres de periodistas, cuando saben de alguna persona que ha alcanzado o superado los cien años, especialmente si esa persona disfruta de una buena salud, para entrevistarla. Una pregunta que nunca falta en esas entrevistas es algo así como ¿Cómo lo ha conseguido? ¿Qué ha hecho para alcanzar esa edad? Las respuestas son variadas, desde tomar seis yogures cada día, pasando por tener buen humor, jugar al guiñote cada día, tomarse un par de copitas de licor diarias, hasta trabajar el huerto cada día. Supongo que esas personas son sinceras, aunque creo que no tienen ni idea del por qué de su longevidad, dado lo variado de sus respuestas. Lo que me recuerda el chiste de una mujer que cumple cien años y le hacen esa pregunta, a lo que responde: Es la mar de sencillo: no muriéndome en los noventa y nueve anteriores. Realmente, hasta hace poco, la ciencia no sabía casi nada de por qué algunas personas alcanzan tal longevidad. Había bastantes estudios sobre la heredabilidadi de la esperanza de vida en diferentes poblaciones europeas, con distintos resultados que iban de alrededor del 25 % a menos del 10 %. De ser fiables esos estudios, la genética explicaría entre menos del 10 hasta el 25 % de la variación en la esperanza de vida. Lo cual deja a los factores ambientales entre el 75 y más del 90 % la explicación de la variación. Esto parece dar la razón a esos ancianos que explican cómo han llegado a esas edades, aunque sean tan diferentes. Además de que da supuestos argumentos a todos aquellos, médicos incluidos, que nos dicen que si nos portamos bien pasaremos de los cien años.

Pero parece que las cosas son diferentes. La investigación de un grupo de biólogos y epidemiólogos (https://doi.org/10.1126/science.adz1187) ha tomado los registros de gemelos de los países nórdicos (una manera de estimar la heredabilidad son los estudios de gemelos, donde se comparan gemelos monozigóticos con gemelos dizigóticos; los primeros comparten todos los genes, mientras que los segundos solo la mitad, como cualquier par de hermanos) les ha llevado a concluir que la heredabilidad de este rasgo es comparable a la de muchos otros y a la de los ratones, de alrededor del 50 %, lo que significa que aproximadamente la mitad de la variación de la longevidad en esa población se debe a diferencias genéticas. Esto hará más probable que otros investigadores traten de descubrir cuáles son esas diferencias genéticas.

El hallazgo ha sido posible porque estos investigadores, cosa que no había hecho nadie, separaron las causas intrínsecas de muerte (básicamente las relacionadas con el envejecimiento) de las extrínsecas (accidentes, infecciones, suicidios…), mediante modelos matemáticos que eliminaban el efecto de las segundas.

Hecho esto, compararon los resultados de los gemelos escandinavos con los de hermanos estadounidenses, obteniendo un resultado similar. Por lo tanto, esa heredabilidad corresponde, no solo a la población escandinava, sino también a la estadounidense y es probable que también lo haga a las norteamericanas y europeas. No me parece tan claro, a falta de los estudios correspondientes, que corresponda a poblaciones asiáticas o africanas. De todos modos, mi opinión es que la heredabilidad de la esperanza de vida debe de ser alta en todas las poblaciones.

Pero eso no significa que podamos predecir, ni siquiera aproximadamente, la esperanza de vida de una persona. Para entenderlo, conviene resumir brevemente la investigación que hicieron Manel Esteller y otros sobre Maria Branyas, que llegó a los 117 años. El trabajo se publicó en Cell Reports Medicine el 21 de octubre de 2025. Se trata de un estudio multiómico (genómico, epigenómico, transcriptómico, metabolómico, proteómico y microbiómico) completo hecho a fin de averiguar cómo esa mujer pudo llegar a esa edad tan avanzada. En todo los omas se encontraron peculiaridades que se podían asociar a su dilatada longevidad. Además, se estudiaron sus hábitos, entre ellos el de comer muchos yogures (lo cual pudo influir en su microbioma). Pero nada en ese estudio, a mi parecer, indica qué hacer y qué no hacer para llegar a ser tan longevos: se trata de decenas de factores, genéticos y ambientales, sin que se pueda atribuir la longevidad a uno de ellos por sí solo. Aunque sospecho que esa mujer, como todos los supercentenarios, se salía de lo común, lo que se ve si se lee el artículo completo, y que sus genes tenían más que ver que en el común de los mortales.

Por otra parte, sospecho que las personas que superan los 110 años, como María Branyas, se salen genéticamente de lo corriente. Creo que si se representaran las edades de muerte de una población anciana frente a las frecuencias de los individuos de cada edad, nos encontraríamos con una distribución bimodal con dos medias distintas, una correspondiente a las personas normales, con un extremo cerca de los 100 o 110 años, y otra a los supercentenarios. No sé si se le habrá ocurrido a alguien, pero si fuese como yo pienso, habría que emprender dos investigaciones distintas: una sobre los ancianos normales y otra sobre los supercentenarios, asumiendo que la longevidad de unos y otros debe de tener causas distintas.

Septiembre de 2026

i La heredabilidad de un rasgo es la proporción de las diferencias entre los individuos de una población en un momento dado que se deben a sus diferencias genéticas. Una heredabilidad alta no implica necesariamente que el rasgo se desarrolle por acción de los genes, pero puede promover una investigación sobre qué genes contribuyen a ese rasgo en la población en cuestión. Eso es lo que pretenden esos estudios.

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