
Lingüística animal
Por desgracia para la lingüística y no tanto para la ciencia, son pocos los lingüistas que estudian los lenguajes animales. Solo sé de una lingüista que lo ha hecho, Leonile Cornips. No acabo de entender que la inmensa mayoría de esos especialistas se ciña exclusivamente a nuestro lenguaje y desprecie los de los animales cuando ya hace más de siglo y medio que Darwin expuso su teoría de la evolución y, especialmente, la aplicó a nuestra especie. Renuncian así a un conocimiento de algo fundamental: cómo, a partir de lenguajes animales, pudo evolucionar el humano.
Allá ellos, parecen decir otros científicos, entre ellos científicos cognitivos que realizan ese estudio con conocimientos básicos de lingüística y obtienen hallazgos importantes, como hicieron cognitivistas y etólogos de instituciones francesas y alemanas, trabajo que expusieron en mayo del año pasado https://doi.org/10.1126/sciadv.adq2879. Ese trabajo se refiere a chimpancés salvajes e investiga las posibilidades expansivas de las combinaciones de vocalizaciones de nuestros primos evolutivos. La idea era averiguar si el lenguaje vocal de los chimpancés, a semejanza del nuestro, es expansivo, es decir, si se pueden producir muchos significados distintos, incluso nuevos, combinando unidades de significado simples. En nuestro caso, el número de significados que podemos producir es infinito partiendo de un número finito de fonemas y de palabras distintos. En el caso de los chimpancés, los investigadores no llegaron a encontrar ni lo buscaron tanta expansividad, pero sí constataron que mediante combinaciones de una docena de vocalizaciones distintas, los chimpancés conseguían un gran número de significados.
En su artículo introducen brevemente algunas características lingüísticas que les parecen relevantes para evaluar la lingüística de los chimpancés comparada con la nuestra: la diferencia entre combinaciones compositivas, que, como si dijéramos, suman los significados de sus componentes, y no compositivas, con significados que no se deducen directamente de ellos, teniendo significados nuevos respecto a estos; de las primeras, se pueden distinguir aquellas en que una parte modula el significado de la otra y aquellas en que el valor de las partes es el mismo; la estructura jerárquica de las producciones lingüísticas, especialmente el anidamiento; y el orden de las unidades.
Mientras que se han encontrado ejemplos referentes a la compositividad y en cuanto a la relación entre significado y orden en varias especies, y no solo en primates, se limitan a un único tipo por especie, lo cual está muy alejado de nuestro lenguaje.
También en la parte introductoria, hablan de estudios que han encontrado en chimpancés salvajes que combinan vocalizaciones de dos en dos, en ocasiones de forma no compositiva. No dicen nada respecto al orden de las vocalizaciones en esos bigramas, pero algunos estudios indican que no se produce al azar. Esas combinaciones, al parecer, tienen significado, lo que se deduce de su producción en determinados tipos de circunstancias y de las reacciones de los individuos receptores.
A continuación, plantean tres criterios para evaluar la aproximación del lenguaje chimpancé al nuestro: 1 utilización de un pequeño número de unidades para conseguir un gran número de significados distintos; 2 las secuencias de unidades se emplean en una amplia gama de situaciones cotidianas; y 3 empleo, no solo de uno, sino de varios mecanismos combinatorios. Los chimpancés cumplen los dos primeros criterios. El tercero, más difícil de observar, aún no se sabe si lo cumplen.
Los autores del artículo se plantearon comprobar si el lenguaje vocal de los chimpancés utiliza cuatro tipos distintos de combinación de vocalizaciones simples. El primero que expresan es el no compositivo idiomático: el significado de la combinación es nuevo y no se deduce de los de las unidades componentes. Un segundo tipo es el compositivo con modificación: el significado de la combinación se relaciona directamente con el de las unidades componentes, pero una modifica o clarifica el de la otra. Un tercero es el compositivo que podríamos llamar elemental: como en el anterior, su significado se deduce directamente de los de las unidades, pero sin que ninguna modifique la otra. Por último, las combinaciones en que importa el orden de las unidades, con significados distintos según su ordenación.
La investigación se centró en los bigramas por dos motivos, uno de carácter, digamos, práctico y otro, digamos, de comunicación entre científicos. El práctico es que los chimpancés producen bigramas con mucha más frecuencia que combinaciones de más de dos unidades y la frecuencia de las combinaciones de más de dos unidades, con el tiempo de duración del estudio, es insuficiente para un buen tratamiento estadístico. El segundo se debe a que en general los estudios de lingüística animal se centran en los bigramas y ceñirse a estos permite comparaciones con sentido. Yo, que soy un poco malicioso, añadiría un tercer motivo: debe de resultar mucho más difícil dilucidar los significados de las combinaciones de más de dos unidades que los de los bigramas.
Para evaluar qué mecanismos eran aplicables a los bigramas de los chimpancés en estudio, se empezó por intentar estudiar el significado potencial de las 12 unidades simples. Se estudió el significado potencial, porque en la muestra no se presentaron esas unidades aisladas supongo que se apoyarían en estudios previos de esas unidades y su relación con las situaciones y las reacciones de los receptores. Asimismo, se estudió el significado de 16 bigramas utilizados comúnmente, que incluían 4 en que el orden no parecía importar, lo cual, entiendo, debe de significar que en los otros 12 sí importaba.
Las similitudes y diferencias entre los significados de las unidades y de los bigramas se evaluaron mediante un método que se usa en lingüística experimental para evaluar similitudes y diferencias fonológicas entre pares de palabras. Consiste en calcular las distancias euclidianas entre la proporción de ocasiones en que un bigrama se emite en cada evento y la de ocasiones en que una unidad se emite en cada evento figura 1.

Figura 1. Predicciones para el uso de bigramas vocales que detallan escenarios para los cuatro mecanismos combinatorios considerados y los patrones de distancia euclidianos esperados.
El estudio se realizó sobre 53 chimpancés salvajes de más de 10 años de tres comunidades de Costa de Marfil. Se grababan durante seis o doce horas las vocalizaciones de sujetos determinados sujetos focales y las de individuos visibles cerca de estos, suponiendo que se conocían, que identificaban las llamadas y que los eventos resultaban reconocibles sin dificultad. Al mismo tiempo, se registraron los eventos, clasificándolos en 1. alimentación, descanso y viaje; 2. interacción social en toda su variedad; 3. cambios en el entorno también muy variados.
Los significados de cada expresión, como ya he dicho, se dedujeron de los tipos de eventos y de las reacciones de los receptores utilizando un etograma preestablecido. Cuando se producían dos o más eventos simultánea o secuencialmente, se registraban como dos eventos y no como uno solo. En total, se registraron 22 eventos relacionados con las vocalizaciones, de los cuales 20 habían sido descritos previamente como provocando vocalizaciones y 12 se habían observado provocando vocalizaciones específicas.
En la figura 2 A se recogen gráficamente los bigramas registrados. Las flechas indican las combinaciones de unidades vocales y el orden de esas unidades en ellas, así como los números de individuos que las emitieron.

Figura 2. A: bigramas estudiados y números registrados de cada uno. B: mecanismos combinatorios; los círculos representan las unidades vocales que se combinaban y las flechas las combinaciones. Las mayúsculas en los círculos son las abreviaturas de la designación inglesa de cada unidad.
La figura 2 B recoge los tipos de bigramas según el mecanismo combinatorio. Lo que me llama más la atención son los casos en que el orden de las vocalizaciones simples parece contar, relacionándose, parcialmente, con eventos distintos. Aunque los casos son pocos, me parece muy interesante, ya que puede apuntar a una especie de protosintaxis.
En la sección Comparaciones de la distribución de eventos se explica detalladamente de qué forma se relacionaron vocalizaciones y eventos y cómo se distinguieron los cuatro mecanismos combinatorios. Es una exposición de naturaleza lingüístico-matemática y etológico-matemática que quien esté interesado en sus detalles encontrará en el trabajo.
En una tabla recogen las reglas de formación de los bigramas y los cambios de significado de estos respecto a los de las unidades componentes.
En conjunto, se constata que 1. los chimpancés emplean los cuatro mecanismos de expansión del significado y 2. que lo hacen de manera consistente y no al azar. Lo que induce a pensar que poseen un versátil lenguaje vocal o, si se prefiere, protolenguaje que podría ser una forma de transición entre otros lenguajes de primates que a lo sumo emplean un solo mecanismo de combinación vocal en situaciones muy concretas y el nuestro.
En principio, me parece que solo hay dos diferencias esenciales entre ese protolenguaje y nuestro lenguaje, a saber, la articulación simple de los chimpancés solo emplean un tipo de unidades que serían asimilables a nuestras palabras frente a la doble articulación fonemas, palabras nuestra, y el hecho de que nuestro lenguaje permite la expresión de infinitos significados haciendo más largas las combinaciones de palabras. Lo primero me parece incuestionable y habría que investigar, en ese caso, cómo pudo evolucionar la doble articulación. Sobre lo segundo, en cambio, suspendo el juicio, en la medida en que no se han investigado las emisiones de combinaciones de más de dos unidades. Bastantes casos se han dado de capacidades humanas únicas que ha resultado que no lo eran.
Febrero de 2026