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La desigualdad en el reino animal

En la historia de la biología se han adoptado y adaptado conceptos y concepciones de las ciencias sociales, con diversa fortuna. En el lado de los éxitos están la adopción de los conceptos de competencia y superpoblación por Darwin o la del concepto de jerarquía. En el de los fracasos, a mi modo de ver, está la transposición de las ideas de costes y beneficios, que ha dado muy pocos frutos, sobre todo porque no se ha encontrado la manera de medirlos en la naturaleza.

Aunque biólogos y ecólogos han realizado muchos estudios en los que se aprecia la existencia de desigualdades de lo que podríamos llamar riqueza en las especies animales, hasta hace poco no se había estudiado explícitamente la desigualdad en el reino animal. Eli D. Strauss y Daizaburo Shizuka (https://doi.org/10.1098/rspb.2022.0500) hicieron en mayo del año pasado una propuesta que importa al campo de la biología la consideración de la desigualdad de riqueza que tan estudiada está en las ciencias sociales. Como en el caso humano, Strauss y Shizuka identifican tres ejes en los que se desarrolla la desigualdad entre los animales: la riqueza material o el control de recursos como territorio, comida, lugares de anidamiento, estructuras de almacenamiento, etc.; la riqueza relacional o las redes de apoyo; y la riqueza encarnada, como fuerza, vigor, tamaño, inteligencia, etc., que se puede considerar relacionada con el fenotipo de los individuos.

La riqueza y sus desigualdades se pueden abordar a diferentes niveles: entre individuos de un grupo, entre grupos, entre individuos o grupos dentro de una población, según cuáles sean los intereses de los investigadores. Hay varias formas de medir la desigualdad: mediante la distribución de la riqueza según cuantiles, mediante índices (uno de los cuales es el famoso índice de Gini)… Los autores advierten de la posibilidad de que diversos índices arrojen resultados diferentes, caso en el cual será necesario un proceso de reflexión, tanto sobre lo que se pretende aprehender como sobre la adecuación de cada índice a lo que se pretende medir exactamente; y también advierten de la posible inadecuación que puede proceder del hecho de haber sido concebidos para los estados-nación y no para sociedades más similares a las sociedades animales.

Existe un amplio consenso entre los biólogos evolutivos en que la desigualdad material y la relacional (construcción del nicho ecológico y del nicho social) influyen en la aptitud individual y si se transmiten intergeneracionalmente (por vía genética, epigenética o social) afectan a la trayectoria evolutiva, si alteran de alguna manera la riqueza encarnada (fenotípica).

La variación en la riqueza, en cualquiera de sus ejes, generalmente afecta a los resultados evolutivos, de formas lineales y no lineales que han estudiado sociólogos y economistas. Pero no solo afecta la riqueza por sí misma, sino también la desigualdad: individuos o grupos igualmente ricos en grupos o poblaciones con diferentes grados de desigualdad no obtienen los mismos resultados. También esto ha sido estudiado por los sociólogos. Se trataría de ver si sus puntos de vista van a ser útiles en biología.

Aunque no se menciona en el artículo comentado, me parece que esta adopción de un concepto de las ciencias sociales también puede ser útil en etología, en relación con las jerarquías y las coaliciones que se forman en algunas especies para “subvertirlas” o con cómo reaccionan los individuos a la desigualdad de riqueza.

Septiembre de 2023

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