1 Se suele representar a la Pachamama llevando cosecha de patatas y hojas de coca.
La acogida de ecologistas e izquierdistas al Buen Vivir
La acogida de ecologistas e izquierdistas al Buen Vivir de las constituciones de Ecuador y Bolivia: ver el mundo al revés
En el primer decenio de este siglo, las constituciones de Ecuador y Bolivia recogieron la concepción indígena del Buen Vivir (Sumak Kawsay en las lenguas quechuas o Suma Qamaña en las aimaras). Se trata de una concepción relacionada con la espiritualidad y la cosmovisión de los pueblos indígenas andinos.
Ecologistas e izquierdistas occidentales no tardaron en acoger esa adopción política con entusiasmo y se afanaron por conocer la cosmovisión, supuestamente ecology friendly y humanamente solidaria, de esos pueblos. No cuestiono ese entusiasmo, aunque el mío es menos incondicional. Pero estos artículos no son para tratar de temas políticos o ideológicos. Me centraré en argumentar que en ese entusiasmo me parece que esas gentes, ecologistas e izquierdistas, están mirando la cosa como con una lupa cuyo objeto está más allá del punto focal, con lo que se obtiene una imagen invertida, con lo cual por lo menos algunos izquierdistas, los que se reivindican marxistas, dan, al parecer sin darse cuenta, la espalda a su ideología. Allá ellos, yo no tengo nada que ver con el marxismo.
Mi argumentación empieza por dar unas pinceladas sobre la religión y la cosmovisión andina. En la cosmovisión de quechuas y aimaras el universo tiene tres mundos: el de arriba, donde hay dioses, los astros, la energía cósmica y el cóndor; el de aquí, el mundo de los humanos, de la tierra, de los animales y de las plantas; y el de abajo, el de los antepasados y los niños no nacidos, las raíces, es el mundo de la regeneración. Esos tres mundos no son estancos, sino que interaccionan. La Pachamama1, una especie de diosa madre, está en los tres mundos y en el de aquí, si se la respeta y se le hacen ofrendas, pagos las llaman los indígenas, favorece la fertilidad de la tierra y las cosechas. También se hacen pagos a los apus, es decir, a las montañas, los neveros y las cuevas, protectores de los pueblos, los ganados y los cultivos. Los pagos se componen de chicha y aguardiente, hojas de coca, alimentos, sahumerios y objetos en cierta forma jugando un papel parecido al de los exvotos católicos. Las ceremonias correspondientes están dirigidas por sabios, a los que los occidentales suelen calificar de sacerdotes. En realidad, son chamanes, gentes vocacionales que no han pasado por ninguna formación reglada y que no forman un cuerpo. Es posible que cuando estos pueblos tuvieron Estados o estuvieron estrictamente sometidos a ellos, esas ceremonias corrieran a cargo de sacerdotes, profesionales de la religión con un explícito estatus como tales, pero desde la destrucción del imperio inca y con la marginación en que viven respecto a las estructuras estatales, no se puede decir sin imprecisión que los sabios sean sacerdotes.
La palabra pago para designar las ofrendas, a mi modo de ver, es muy ilustrativa, no solo sobre la religión andina, sino sobre todas las religiones: sacrificios, ofrendas y actos similares me parece que evidencian un aspecto esencial de todas las religiones, a saber, la negociación entre los humanos y los dioses. Pero no es este el tema, sino la cosmovisión andina.
Además de la interacción entre los tres mundos, que busca la armonía entre ellos, también se pretende la armonía entre las partes de cada uno de ellos, que se presentan de forma dicotómica (masculino/femenino, dar/recibir, Naturaleza/ser humano…). Los términos de cada dicotomía no son opuestos, sino complementarios y siempre se debe buscar la armonía entre ellos. Esto se traduce en una alta valoración de la cooperación y la ayuda mutua o en la moderación en el uso de los recursos naturales. De esa cosmovisión también forma parte el poco valor dado a la acumulación de riqueza. La mayoría de quienes acogieron las culturas andinas con entusiasmo creen, y así lo dicen y lo repiten a quien quiera escucharles, que el admirado estilo de vida de los indígenas andinos se debe a su espiritualidad y su cosmovisión. Argumentaré que la cosa sucede precisamente al revés, que es su estilo de vida el que ha creado esa espiritualidad.
Los campesinos quechuas y aimaras viven a altitudes superiores a los 3.800 m, con un clima muy frío y muy seco. Las temperaturas promedio oscilan entre los 0oC y los 10oC (algo más en el Norte). La humedad relativa pocas veces supera el 20 %. Fuertes vientos azotan la zona durante todo el año. Hay una estación seca, entre mayo y octubre, y otra, relativamemente lluviosa, de noviembre a marzo, con mayor intensidad en enero y febrero, aunque las precipitaciones se concentran en pocos días, teniendo carácter torrencial.
Las patatas, uno de los tres cultivos andinos principales, se siembran al principio de la temporada lluviosa. Con la quinua se hace lo mismo. El tercer cultivo principal es el maíz, que se siembra por la misma época. En los tres casos se evitan las temperaturas extremas. El cuarto cultivo principal es la coca, arbusto cuyas hojas se recolectan unas tres veces al año y que puede dar rendimiento durante unos diez años. Las patatas, el maíz y la quinua se cultivan por su valor nutritivo, siendo alimentos vegetales complementarios entre sí y proporcionando prácticamente casi todos los nutrientes necesarios. Los indígenas andinos dan mucha más importancia a la coca que al maíz y la quinua, aunque no tiene valor nutritivo, por sus usos, digamos, medicinales, como combatir el mal de altura, aminorar la fatiga o soportar el hambre. La consideran sagrada. El ganado, especialmente el ovino, proporciona los nutrientes restantes, aunque su consumo, si no escaso, es poco frecuente, reservándose para festividades y celebraciones.
El clima extremo junto con la irregularidad de las lluvias, unido a la baja calidad de los suelos, hace que la agricultura sea prácticamente de subsistencia, excepto en el caso de la coca, que desde el siglo pasado tiene un mercado boyante. En cuanto a la ganadería, hay tanto rebaños familiares de camélidos y de ovejas como comunales. Los familiares se dedican en un 70 % a la subsistencia y los comunales, además, a funciones religiosas. Se basa en especies autóctonas (llamas y alpacas), mejor adaptadas a las zonas más altas, y, además de unas pocas vacas, ovejas2 criollas adaptadas a las condiciones de la región y que pesan en canal un máximo de 14 kg, mientras que una oveja merina, de la que descienden, viene a pesar un mínimo de 25 kg, lo cual significa que menos de 4 kg de peso en canal de cada oveja criolla llegará al mercado para suplementar la subsistencia de la comunidad. Prácticamente los mismos factores que impiden la intensificación agrícola lo hacen con la ganadería, ya que los pastos existentes no pueden sostener más animales que los que hay. Intensificar la agricultura y la ganadería supondría a medio plazo, en menos de 20 años, graves efectos socioambientales y quechuas y aimaras tienen experiencia de eso. La acumulación de riquezas por la gente en esos territorios solo sería posible con esa intensificación, lo que conllevaría una grave degradación socioambiental.
El panorama que aparece con esto es una economía prácticamente de subsistencia bastante precaria, condicionada por un clima extremo y unos suelos no demasiado aptos para la agricultura, aunque milenios de historia han llevado a realizar cultivos bien adaptados y rebaños ídem, pero también limitados por las condiciones que dificultan la existencia de pastizales extensos.
En cuanto a la propiedad, tanto la tierra como los pastizales y parte del ganado son propiedad comunal del ayllu y se trabajan comunalmente o se reparte su usufructo anualmente entre las familias que lo forman. El ayllu es la organización sociopolítica de quechuas y aimaras desde antes de que tuvieran Estados. Los incas los aprovecharon para el reclutamiento forzoso de la corvea3, siendo los ayllu los que determinaban qué trabajadores tenían que participar. Es un grupo de familias extensas con una ascendencia teóricamente común que comparten tierra, recursos y labores agrícolas y pecuarias. En el ayllu se da, además de trabajos cooperativos, la ayuda mutua entre las familias con criterios de reciprocidad (hoy por ti, mañana por mí). Si hacéis una búsqueda por internet, encontraréis que los ayllu tienen unos jefes a los que algunos llaman curacas. No es exacto, los curacas no son jefes, no tienen una autoridad que no dependa del consenso de las familias. Son elegidos de diversas formas, como votaciones directas, asambleas de las familias o son nombrados de forma rotatoria. Sus atribuciones son el reparto periódico de los lotes de tierra, la organización de los trabajos comunales, la mediación en las disputas y funciones judiciales4, así como funciones religiosas colectivas. La justicia, que es rápida y pública, va dirigida, teóricamente, a la restauración y a la búsqueda de la armonía. Del mismo modo que, en ausencia del yugo incaico, los curacas eran y son nombrados por el ayllu, su destitución también es competencia del mismo.
¿Cómo me explico este cuadro de la vida andina? Hay que considerar las difíciles condiciones climáticas y edáficas, que determinan una densidad de población muy baja fuera de las zonas urbanas. En esas condiciones y con la tecnología de que dispone la población5, la producción de excedentes acumulables no es posible en la mayor parte del territorio, donde la gente se ve abocada a una economía de subsistencia bastante precaria. Esas condiciones hacen que el individualismo no sea una opción y todos necesiten de todos. De ahí la arraigada costumbre de la reciprocidad y de la ayuda mutua y el miedo a la falta de armonía. De ahí también la propiedad comunal y la cooperación.
La intensificación6 del trabajo siempre es posible, pero una experiencia milenaria les enseña que, en sus condiciones, perjudica socioambientalmente a todo el mundo. Así, se entiende muy bien su respeto por la Naturaleza y el valor que le conceden.
Lo que quiero decir es que el grueso de las costumbres de los indígenas andinos es una adaptación a sus condiciones de vida. Dentro de esa adaptación entra su espiritualidad y su religión, cuyo papel considero que es el de reforzar ese estilo de vida ante posibles tentaciones de contravenirlo con peligro para todo el mundo. Así es como, metafóricamente, se ve la realidad de los pueblos andinos situando la lupa de manera que el objeto quede entre la lente y el foco, es decir, obteniendo una imagen derecha y no invertida.
Junio de 2026
2 Si no sustituyeron totalmente los camélidos por ovejas y vacas, fue en parte por sus pezuñas: las de ovejas y vacas compactan el suelo de los pastizales dificultando el nuevo crecimiento del pasto, mientras que las pezuñas de llamas y alpacas no lo compactan.
3 Corvea es el término antropológico que se define como trabajos obligatorios gratuitos decididos por los señores o el Estado.
4 Según la importancia de los casos, la justicia puede ser impartida por el curaca, por una pareja bien considerada o por una asamblea para los casos más graves.
5 Podéis encontrar información sobre infraestructuras incas de carácter avanzado y que aún se mantienen y se usan, pero no están en las zonas rurales.
6 Por intensificación del trabajo no me refiero a jornadas más largas ni a más días de trabajo al año, sino al trabajo ayudado por medios que lo hacen más eficiente.