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Julio Loras Zaera

La idea de este Homenaje a Lynn Margulis, un homenaje en que, señalando sus méritos, no se esconden sus “patinazos”, se me ocurrió al leer un comentario de un libro de un ingeniero que hablaba de la simbiosis como una tendencia universal y se basaba en ello para promover una determinada tendencia ideológica, citando a Lynn Margulis en su apoyo.

En biología se entiende por simbiosis la relación entre individuos de especies distintas en beneficio mutuo. Son ejemplos de simbiosis la relación entre grandes herbívoros de la sabana y determinadas especies de aves, en que los herbívoros proporcionan a las aves alimento en forma de parásitos y las aves liberan de esos parásitos a los herbívoros; o la de las abejas y las plantas con flores, en que las abejas polinizan las plantas y recogen el azucarado néctar de las flores para alimentarse; o la que se da entre los humanos y los cereales, en que nosotros nos alimentamos del grano y dispersamos las semillas que de otra manera quedarían sujetas a la espiga.

Las simbiosis pueden ser más o menos estrechas. Muchas especies de árboles viven en simbiosis con hongos que se unen a las raíces formando unas estructuras llamadas micorrizas. El hongo permite a las raíces mejorar la absorción de agua y minerales y el árbol proporciona al hongo nutrientes. Ciertas bacterias fijadoras de nitrógeno viven asociadas a las raíces de las leguminosas, promoviendo la formación de unos nódulos en los que viven. La leguminosa obtiene nitrógeno y la bacteria, nutrientes. En los líquenes se da una simbiosis muy estrecha: un alga o una cianobacteria se asocia estrechamente con un hongo, de manera que resulta prácticamente imposible distinguir ambos organismos. El alga o la cianobacteria fabrica fotosintéticamente azúcares de los cuales se alimenta el hongo y el hongo proporciona al otro organismo agua y sales minerales. Alga y hongo se reproducen conjuntamente, como si fuesen un único organismo.

Y la simbiosis más estrecha es aquella en que uno de los dos organismos está incluido en el otro. Se conoce como endosimbiosis. Es la que se da, por ejemplo, entre ciertos corales y determinadas algas. Margulis hizo una aportación destacadísima al conocimiento de este tipo de simbiosis. De hecho, desde los años sesenta hasta su muerte en 2011 toda su carrera estuvo asociada a este tópico.

Lynn Margulis nació en 1938 y murió en 2011. Recibió diversas medallas y premios. Entre otros reconocimientos fue nombrada doctora honoris causa por las universidades españolas de Valencia, Vigo, Autónoma de Madrid y Autónoma de Barcelona. Pero los inicios de su carrera fueron difíciles, con artículos y libros que revistas y editoriales científicas se resistían a publicar. Su interés se centró en el mundo bacteriano, al que en los años sesenta se concedía una atención muy limitada y solo en su aspecto de causas de enfermedad. Ella había llegado a una conclusión que chocaba de alguna manera con esta concepción, al considerar las bacterias y organismos parecidos como la base de la ecología planetaria, para lo que se inspiró en el biogeoquímico ruso Vernadsky.

Pronto, observando que las mitocondrias de las células eucariotas se asemejaban a bacterias sin pared celular; que sus ribosomas eran más pequeños que los del citoplasma que las alberga, distintos en su composición de los de la célula que las contiene y similares a los de las bacterias; que contienen una molécula de ADN circular y desnudo como las bacterias; que las mitocondrias se reproducen a su propio ritmo independiente del de la célula que las contiene. Observando todo esto, formuló la hipótesis del origen simbiótico de la célula eucariota: unos procariotas que no podían utilizar el oxígeno, fermentadores, habrían incorporado, por fallos en la digestión o por infección, otros más pequeños capaces de utilizar el oxígeno. Esto habría dado origen a la célula eucariota del tipo de las de los protoctistas, los hongos y los animales, donde el descendiente del organismo más grande proporciona alimento al más pequeño “a cambio” de que este le proporcione la energía obtenida en la oxidación de ese alimento. La célula eucariota sería un ejemplo de endosimbiosis, en que no solo un participante se beneficia de la actividad del otro y viceversa, sino que dependen tan estrechamente entre sí que su destino está íntimamente ligado hasta en la reproducción.

Aunque el reconocimiento tardó, sus observaciones y sus argumentos lograron el consenso científico y su hipótesis es considerada una teoría. Teoría que inevitablemente condujo a una hipótesis similar respecto al origen de los eucariotas fotosintéticos, entre ellos las plantas. Estos tienen unos orgánulos que no poseen los otros eucariotas: los plastidios o cloroplastos, donde tiene lugar la fotosíntesis. Del mismo modo que los ribosomas de las mitocondrias son similares a los de bacterias y distintos de los de la célula que las contiene, los ribosomas de los plastidios son similares a los de algunas bacterias fotosintéticas; los plastidios tienen un cromonema, ADN circular desnudo; se reproducen a su propio ritmo; y contienen clorofilas a y b, como determinados grupos de bacterias fotosintéticas. Así, los eucariotas fotosintetizadores habrían surgido al quedar atrapadas bacterias fotosintéticas dentro de células eucariotas. Esta hipótesis también se considera confirmada.

En sus últimos años, Margulis intentó extender su teoría endosimbiótica al origen de los undulipodios (los cilios y “flagelos” de los eucariotas; en biología se reserva el término flagelo para los de los procariotas, que son muy distintos en su estructura y composición) y de los centriolos (los organizadores de la “danza” de los cromosomas en la mitosis y en la meiosis, de los cuales parte el huso mitótico que luego desaparece). Según esta hipótesis, esos orgánulos habrían sido organismos semejantes a las espiroquetas, que a veces se unen a determinados microorganismos proporcionándoles movilidad. Una vez convertidos en endosimbiontes, habrían quedado reducidos a pequeños cilindros con una estructura peculiar, los cinetosomas o los centriolos (de hecho, la única diferencia entre ellos es que una vez que una estructura se sitúa en la parte interior de la membrana celular y de ella crece el “esqueleto” de un undulipodio, ya no puede formar un huso mitótico y viceversa). Esta hipótesis no se ha confirmado, y tal vez no se confirme nunca, quedando como una especulación razonable, ya que solo un investigador ha encontrado ADN en centriolos o cinetosomas, sin que nadie haya podido repetir la observación.

La teoría endosimbiótica fue revolucionaria en su tiempo, al plantear que la novedad más importante en la evolución no se había producido por la competencia que la Síntesis Moderna afirmaba como motor de la evolución, sino por la cooperación entre organismos distintos. A mí no me parece que haya una contradicción insalvable, aunque a Margulis sí se lo parecía. Al fin y al cabo, esas uniones simbióticas tuvieron que competir con otros organismos y resultaron seleccionadas. Solo hay que añadir un mecanismo de producción de novedades a los que reconocía la Síntesis Moderna.

Se debe a Lynn Margulis junto a otros biólogos la clasificación de los seres vivos en cinco reinos: Monera (protistas: bacterias y cianobacterias), Protoctista (eucariotas de vida libre o multicelulares que no tienen tejidos diferenciados), Fungi, Plantae y Animalia. Recientemente se ha añadido un sexto reino, Archaea (arqueas o arqueobacterias), al saberse que hay procariotas que viven en condiciones extremas y cuya composición y metabolismo son distintos de los de las bacterias.

Margulis también defiende una hipótesis sobre el sexo eucariota, aunque no tiene el mérito de haberla enunciado en primer lugar. Plantea esta hipótesis, a partir de observaciones y experimentos con determinados tipos de protozoos, que microorganismos de este tipo que en condiciones de escasez se canibalizan entre sí y adoptan una forma de resistencia, en algunas ocasiones, no se digieren totalmente y salen de la forma de resistencia dividiéndose. Estos organismos son haploides (solo tienen una dotación cromosómica), de modo que solo hace falta un mecanismo que asegure que los cromosomas se repartan equitativamente.

A mi modo de ver, el éxito de la teoría endosimbiótica se convirtió en una obsesión para Lynn Margulis. Buscaba simbiosis por todas partes (y muchas veces las encontraba, hay muchas en la biosfera) y creía que la simbiosis es el mecanismo fundamental de la evolución, el que ha producido todas las novedades en la historia evolutiva. Por ejemplo, consideraba que la neurona, con sus microtúbulos en el axón que canalizan los movimientos de moléculas a lo largo de la célula nerviosa, era el resultado de otra endosimbiosis. En su obsesión con las simbiosis hay una fuerte carga moral. Era partidaria de la cooperación y contraria a la competencia, un valor previo a su investigación, pero que ella en todas sus obras, especialmente en las de divulgación, hace surgir de la naturaleza. Me parece muy respetable, pero ni la moral surge del estudio de la naturaleza (como lo prueba el que muchos autores deduzcan principios morales muy diferentes, incluso opuestos, de ella), ni la ciencia tiene nada que decir sobre los principios morales, al menos, no más que otros campos de estudio. Sin embargo, creo que no hay que despreciar las creencias y las cosmovisiones sin tener en cuenta que, al menos a veces, pueden orientar hacia descubrimientos importantes. Me parece que este es el caso. Difícilmente alguien muy convencido de la ubicuidad de la competencia habría formulado la teoría de Margulis, al menos no tan pronto como lo hizo ella.

Lynn Margulis acogió con entusiasmo los planteamientos de la llamada teoría de Gaia, formulada por un químico fuera de la corriente principal (de hecho trabajaba solo) y según la cual nuestro planeta es un ser vivo con su metabolismo y su autorregulación. Para Margulis, este ser vivo planetario se ha construido y se mantiene por simbiosis. Lo que se ha podido experimentar de esta teoría no la confirma. Parece más una creencia panteísta que una teoría científica y la reverencia de Margulis por Gaia (la Tierra) lo pone de manifiesto.

Y esto es lo último que escribo sobre pseudociencia y pseudoterapias. Aunque al principio me pareció entretenido, ahora me aburre, porque aunque hay mucho chiflado y mucho charlatán, mucha pseudociencia y muchas pseudoterapias, siempre se trata de lo mismo. Además, a los convencidos de esas chaladuras no hay nada, ningún argumento, por riguroso y bien construido que esté, que les haga cambiar sus estrafalarias ideas. Por eso, doy aquí por terminada la serie.

Marzo de 2019

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Diseño: Julio Loras Zaera

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