Idiomas y música

Las lenguas se pueden clasificar en dos (o tres) tipos principales según como utilicen los tonos: lenguas enunciativas, en que los tonos solo se usan para funciones de expresión de emociones, énfasis o distinguir tipos de oraciones, como las que nos son habituales; lenguas tonales, que emplean el tono para distinguir los significados de las palabras, como el mandarín; (y las que emplean los tonos para marcar los acentos, como el croata o el euskera de Lekeitio). He puesto las terceras entre paréntesis porque hay quien las considera intermedias entre las otras dos. Se conocen como lenguas con acento melódico.

En este mapamundi aparece la extensión de las lenguas tonales (en rojo) y de las de acento melódico (en ocre). Como se ve en él, las lenguas tonales están muy extendidas. Aún mayor que su extensión es su número: son más de la mitad de las lenguas registradas.

El uso de los tonos por las lenguas ha hecho pensar en una posible relación de sus hablantes con la música. Concretamente, que los nativos de lenguas tonales discriminarían mejor las melodías, así como los tonos aislados, que los nativos de lenguas enunciativas, que a su vez discriminarían mejor los ritmos. Se han realizado unos cuantos estudios sobre ese asunto, pero han resultado bastante insatisfactorios, en la medida que han tratado con muestras de hablantes muy reducidas, como reducido ha sido el numero de idiomas estudiados, además de que esos pocos idiomas se han escogido de una manera poco útil para diferenciar entre las influencias del tipo de lengua, de la educación musical y de la cultura, ya que los idiomas tonales estudiados solían limitarse a los chinos y los enunciativos al inglés, generalmente norteamericano, relacionados estrictamente con solo dos culturas. De todas formas, esos estudios no fueron en conjunto nada concluyentes: unos encontraban correlaciones significativas y otros no, y las correlaciones eran en general débiles.

Se conoce como ciencia ciudadana una forma de hacer ciencia que involucra a muchas personas comunes, no versadas en ciencia, en la consecución de conocimiento científico. Hoy en día se presenta la ciencia ciudadana como una gran novedad, pero en realidad ya en la segunda mitad del siglo XIX Wells Woodbridge Cooke estudio la fenología de las aves norteamericanas reclutando una ingente cantidad de colaboradores. Darwin empleaba una metodología similar para sus investigaciones, reuniendo grandes números de corresponsales científicos y legos, como se colige de sus obras sobre la evolución, a quienes enviaba detalladlos cuestionarios e instrucciones metodológicas. Lo digo porque me parece que a veces pecamos de adanismo, como si todo lo hubiéramos inventado hace cuatro días.

Pues bien, Jingsuan Liu, Courtney B Hilton, Erika Bergelsson y Samuel A. Mehr han empleado este método para dilucidar el papel del tipo de idioma, tonal o enunciativo, en la percepción musical. Su investigación se publico en Current Biologíy el 26 de abril de 2023. Crearon una red de 493.100 participantes, entre los cuales 34.034 hablantes nativos de 19 lenguas tonales, 16.869 de lenguas de acento melódico y 442.198 de 29 lenguas enunciativas.

En el experimento se tuvo en cuenta la formación musical de los sujetos para poder descontar o calibrar su efecto independientemente del tipo de lengua. En cuanto a la influencia de la cultura, la gran diversidad de lenguas y de áreas geográficas de la muestra la hacía irrelevante. Se dio una superioridad estadísticamente significativa de los hablantes de idiomas tonales sobre los de lenguas enunciativas y de acento melódico en el reconocimiento y discriminación de melodías, pero esta ventaja no apareció en la distinción de tonos aislados, que resultó dependiente de la formación musical. Contrariamente a los resultados de los estudios previos, que no habían hallado diferencia significativa en la alineación de ritmos, este estudio mostró que las personas con lengua enunciativa se desempeñaban mejor en esta tarea. Tanto el efecto de discriminación melódica como el de alineación rítmica fueron tan importantes cuantitativamente como el de la formación musical.

Comprobando los resultados, los investigadores fueron capaces en otro momento de distinguir hablantes “tonales” y hablantes “enunciativos” por su desempeño en tareas de discriminación melódica y de alineamiento rítmico. En cambio, las comparaciones con los hablantes de idiomas con acento melódico resultaron poco claras.

Me parece un estudio muy importante, a partir del cual pueden plantearse cuestiones como el papel de la experiencia lingüística. Los autores, ya desde el título de su artículo (“Language experience predicts music processing in a half-million speaker son fity-four languages”) atribuyen a la experiencia lingüística la mayor o menor facilidad para procesar distintos aspectos de la música. La experiencia de los hablantes de lenguas tonales les prepararía para procesar mejor la melodía y la de los de lenguas enunciativas les prepararía para procesar mejor el ritmo. Es una idea de sentido común. Sin embargo, Chomsky seguramente no estaría de acuerdo, reservando la noción de experiencia a la práctica, la enseñanza y la costumbre, es decir, de un modo u otro, vinculándolo al estudio. Y para él, la lengua, exceptuando tal vez, solo tal vez, el léxico, no se aprende, sino que se adquiere por un proceso de maduración desencadenado por la inmersión en un ambiente lingüístico. Los resultados del experimento serían los mismos, pero la capacidad no sería aprendida, sino desarrollada. Una forma de decidir entre las dos hipótesis sería realizar el experimento con personas de muchas edades diferentes, incluidos menores de dos años que solo empiezan a hablar.

Agosto de 2023


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