Julio Loras Zaera

fortanete

Profesor Francho de Fortanete A la luz de la ciencia. Biología y asuntos humanos

En cuestión la relación entre grandes obras prehistóricas y organización política estatal

Por lo general, es una asunción que concita consenso entre los científicos que las grandes obras de la Prehistoria se realizaron por parte de sociedades de organización política estatal. A veces se matiza esta asunción, por ejemplo, a la vista de los descubrimientos sobre culturas megalíticas del Neolítico, para las cuales no se ha hallado rastro de existencia de Estados, afirmando que esas obras monumentales habrían sido obras de sociedades muy complejas y, sin llegar a una organización estatal, muy jerarquizadas, con jefaturas cerca de la transición al Estado. Estas asunciones se suelen basar, a mi modo de ver, en lo que conocemos de nuestras propias sociedades occidentales y en lo poco que sabemos de otras sociedades, jerarquizadas o no, de nuestro tiempo. Esta impresión hace que no podamos concebir que una gran obra pueda ser realizada sin una fuerte centralización y un importante poder político.

Entre esas grandes obras están las grandes infraestructuras hidráulicas y ya los estudios sobre el terreno en la China y Sri Lanka prehistóricos empezaron a cuestionar esas ideas. En China, la cultura Liangzhu (5100-4300 años a. p.) realizó una compleja red de presas, canales, diques y embalses para la agricultura y la navegación. En Sri Lanka, antes de que su sociedad tuviera un Estado, se realizó un grande e ingenioso sistema de presas interconectadas, canales y sistemas para resistir la presión para controlar las aguas monzónicas. En una estrategia defensiva, se ha dicho que en esos casos se estaba en una fase de transición al Estado, que se estaría en lo que los antropólogos suelen denominar jefaturas avanzadas, salvando así la idea de la necesidad de un poder fuerte y tendiente a la centralización. La concepción que me parece que subyace a esas posiciones es la de que nada grande es posible si no hay detrás un Estado o por lo menos un poder cercano a un Estado.

Los casos que he mencionado de China y Sri Lanka permiten salvar, al precio de no ceñirse exactamente a la existencia de un poder estatal, la idea ampliamente compartida. Pero, por lo menos, un nuevo estudio, a mi modo de ver, la refuta claramente. Se trata de la investigación que llevó a cabo un pequeño grupo de arqueólogos y geógrafos (https://rdcu.be/fzX0M) en la Mojana (Colombia). En esa zona hay, en una extensión de más de 500.000 ha, todo un sistema de canales y camellones (crestas). Este sistema de canales y crestas distribuía el agua y los suelos fértiles hacia zonas pobladas alejadas de ellos, permitía el cultivo por encima del nivel del agua en la estación húmeda y la pesca cerca de las viviendas.

Esa infraestructura data de entre 200 a. C. y 1000 d. C. y no se realizó, podríamos decir, de una manera orgánica, a medida que lo demandaban el poblamiento y sus necesidades. Desde que los arqueólogos se fijaron en ella (siempre ha estado a la vista), se ha atribuido su realización a una sociedad muy jerarquizada, aunque en ausencia de evidencias de esa jerarquización, empleando modelos ascendentes (parten de comunidades locales y van subiendo a niveles superiores) y multiescalares (se atiende simultáneamente a esos diversos niveles). Me parece que esos métodos son coherentes con el parti pris por la jerarquización.

Los autores de la investigación siguen otra estrategia que parece propia de economistas: estudian las necesidades de trabajo para construir esas obras, la mano de obra necesaria y el tiempo en que pudieron ser realizadas con una organización del trabajo cooperativa pero no centralizada ni coercitiva.

Figura 1: Vista aérea de lo que queda de las obras hidráulicas en estudio

Los investigadores realizaron un estudio de caso en un área de 500 ha, analizando exhaustivamente las relaciones de canales y crestas y las masas de agua, las zonas de cultivo y entre sí, los volúmenes de tierra movilizados, hipotetizando las organizaciones sociales capaces de esas tareas.

Después de detallar las relaciones y los posibles usos de los diferentes canales y crestas, lo que revela la organización y los usos del sistema, pasan a la estimación de la población en el área de estudio, unas 1.600 personas, que supondrían una fuerza laboral mínima de 800, una estimación muy conservadora, especialmente si se tiene en cuenta que en las sociedades preindustriales (y en las industriales hasta hace bien poco) el trabajo de los niños es habitual. Pasando a los costes laborales, informan de que una familia de cinco personas habría necesitado entre 78 y 156 días para construir la estructura mayor del sistema, pero una fuerza de 800 trabajadores la habría construido en medio día. Las 170 crestas principales se podrían haber construido, con esa fuerza de trabajo, en unas dos semanas. El resto de las estructuras requerirían aún menos tiempo cada una, siendo varias de ellas posiblemente construibles por familias aisladas. En conjunto, la totalidad de las estructuras estudiadas podría haber sido construida en 0,7-1,5 meses. Yo aumentaría ligeramente ese coste laboral teniendo en cuenta que tal vez hubiese períodos de descanso, si no de todos los trabajadores a la vez, sí por turnos. En cuanto al mantenimiento y la renovación, los cálculos de los investigadores llevan a concluir que podían realizarse en menos de una generación. En cualquier caso, y teniendo en cuenta que no requeriría conocimientos superiores a los que pudieran tener las gentes de más edad y experiencia, la construcción del sistema no tuvo por qué requerir centralización ni coerción.

Después de este verdadero varapalo a la concepción tradicional, los investigadores no se privan de proponer tentativamente al Estado colombiano, después de sus varios fracasos en la gestión del agua, que pruebe a dar confianza a las comunidades en esa gestión.

Septiembre de 2026

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