
El tamtam de los chimpancés
El tamtam es un tambor grande que se percute con las manos. Como algunos habrán visto en películas o, los más viejos, en los tebeos de El Hombre Enmascarado, más que para la danza, se utilizaba, no sé si aún se usa, por parte de varios pueblos africanos para la comunicación a distancia, puesto que su sonido alcanza varios kilómetros.
Se ha propuesto la percusión rítmica, presente en todas las culturas, como una de las primeras fases en la evolución de la música. Se caracteriza por una temporalidad no aleatoria y por la isocronía o igualdad de tiempo entre los inicios de las notas. Aparte de esto, también es relevante el hecho de que haya variaciones entre diferentes culturas: no es lo mismo, por ejemplo, la percusión de muchos pueblos africanos, rica y variada en tiempos y ritmos, que la de los pueblos indígenas de América del Norte, extremadamente monótona.
En Current Biology de 9 de mayo del año pasado se publicó un trabajo realizado por varios primatólogos y neurocientíficos sobre la percusión en los chimpancés. No son raras las observaciones de chimpancés salvajes tamborileando con fuerza en contrafuertes huecos de árboles en contextos de viaje y descanso y, a veces, integrando la percusión con sus vocalizaciones de larga distancia. Estos investigadores, encabezados por Vesta Eleuteri, estudiando dos subespecies de este simio, encontraron que estos animales, cuando practican la percusión, lo hacen a ritmos no aleatorios y con isocronía.
Al parecer, esto les permite la comunicación a gran distancia para ser identificados, dónde están o, tal vez, para transmitirse informaciones más complejas, a veces en combinación con vocalizaciones. Pero los autores de esa investigación no estaban interesados fundamentalmente en eso, sino en lo que esa actividad comparte con nuestra música, con un enfoque evolutivo.
Para ello han trabajado sobre dos subespecies, una occidental, Pan troglodites verus, y otra oriental, P. troglodies schweinfurthii, recogiendo datos de diversas comunidades de cada una de ellas. El estudio se ha hecho en dos subespecies a fin de captar, si se da, la variación más allá de las diferentes condiciones ecológicas. Esto último es importante en cuanto al estudio de la variación, puesto que evita que esta pueda deberse a la diferencia de condiciones, ya que la variación de la percusión en nuestra especie no está relacionada primariamente con las diferencias ecológicas y puesto que su interés está en las similitudes entre nuestra especie y los chimpancés y en lo que su conocimiento pueda aportar a la investigación del origen de nuestra música.

Figura 1. Chimpancé practicando la percusión
Nos dicen los autores en la introducción que trabajos sobre diversas especies de primates y algunas aves han puesto de manifiesto que sus vocalizaciones tienen esas características de estructuración temporal e isocronía. También indican que se ha observado lo mismo en la percusión de una cacatúa y en chimpancés cautivos. Su investigación se dirige a intentar dilucidar si esas mismas características se dan en la percusión de los chimpancés salvajes.
Mediante una cuidadosa medición de los intervalos entre golpes obtuvieron evidencia de esas dos características para diversos individuos, comunidades y subespecies. También lo relacionaron con los jadeos que emitían. Como se ve en la figura 2, las características citadas estaban regularmente presentes. La figura también ilustra la variación entre subespecies y entre comunidades. Viendo esa figura, queda claro que la percusión de los chimpancés comparte las características fundamentales, a saber, estructuración temporal e isocronía, con nuestros ritmos musicales. Del mismo modo, asoma en esa figura una variación que en la figura 3 se explicita con claridad. En ella se ve que la variación no está asociada a diferencias en las condiciones ecológicas, por lo menos en lo que se refiere a las diferencias entre las dos subespecies. En el caso de nuestra especie, es evidente que la disociación entre las diferencias en la percusión entre diversas culturas no se asocia a las diferencias en la ecología, como pone de manifiesto el caso extremo de la diferencia entre la percusión de los pueblos africanos y los amerindios (téngase en cuenta que África tiene mucha variedad ecológica y que grandes pueblos que habitan regiones variadas ecológicamente realizan un solo tipo de percusión).

Figura 2 Variación (regional) de la subespecie en el ritmo de tamborileo de los chimpancés e integración en los jadeos

Figura 3. Variación (regional) de subespecies en los golpes y el tempo de los tambores de los chimpancés
Los autores corroboraron los resultados de investigaciones previas de otros autores en lo referente a la relación entre las vocalizaciones (ulular-jadear) y la percusión, desde vocalizaciones previas o posteriores a la percusión hasta simultáneas con esta. También en este caso encontraron diferencias regionales.
Este trabajo y otros en la misma línea hacen pensar que la música, por lo menos en cuanto al ritmo, que en el caso de los chimpancés comparte características fundamentales con la percusión en nuestra especie, tiene un origen anterior a nuestra separación y estuvo presente en el último ancestro común entre los chimpancés y nosotros.
No sé si los chimpancés se mueven rítmicamente durante esas sesiones de percusión, pero he encontrado un trabajo (https://doi.org/10.1073/pnas.1910318116) que informa de movimientos rítmicos acompasados a ritmos sonoros, conocimiento obtenido, no en el campo, sino experimentalmente. Asimismo, son conocidas sus danzas en dos ocasiones marcadas por la meteorología. Tampoco sé si se ha estudiado la cuestión en el contexto de la percusión, que parece muy propenso a la danza. Sería interesante, si aún no se ha estudiado, para obtener conocimiento del origen de la relación entre la música y la danza, tan característica de nuestra especie. No me refiero exactamente al hecho de moverse siguiendo un ritmo acústico, que parece que presentan varias especies que no son primates, sino a la simultaneidad entre la percusión y el movimiento rítmico.
Enero de 2026