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Julio Loras Zaera

El problema del altruismo

Una opinión muy extendida es que el egoísmo está a la base de cualquier tipo de interacción, que nuestra meta es maximizar las recompensas y minimizar los costes. Agustín Moñivas. La conducta prosocial.

Esta frase ha sido escrita por un psicólogo y su artículo se dirige a sus colegas y a los científicos sociales, cuyo objeto de estudio en sentido amplio es la Humanidad, pero si solo cambiamos “nuestra meta” por la meta de un ser vivo y “recompensas” por beneficios, o mejor cambiar “recompensas” y “costes” por aumento y disminución de la eficacia biológica, la frase podrían hacerla suya la inmensa mayoría de los biólogos evolutivos. Solo una pequeña minoría de estos da cabida en sus teorías al altruismo. Así, biólogos tan punteros e influyentes en su campo como Edward O. Wilson, Richard Dawkins, John Maynard Smith, Ronald Fisher, William D. Hamilton, John B. Haldane, Ronald Trivers y un largo etcétera de biólogos evolutivos pasados y presentes suscribieron y suscriben esa opinión. Solo muy pocos, aunque poco a poco va creciendo su número, sostienen la opinión de que el altruismo existe en la naturaleza. Entre ellos está David S. Wilson, que escribió al alimón con el filósofo Elliot Sober un libro sobre el tema.

A primera vista, podría parecer que se trata de una polémica ideológica entre conservadores del statu quo y unos pocos izquierdistas con ganas de alborotar el gallinero. En realidad, si nos fijamos en la ideología de los evolucionistas citados, veremos que, si bien E. O Wilson fue un hombre profundamente conservador no solo de la biosfera, sino también del statu quo, aunque en los años finales de su vida empezó a dar cabida al altruismo en su elaboración teórica, Dawkins es laborista, Maynard Smith era marxista, lo mismo que Haldane, y Trivers simpatiza con las ideas del príncipe anarquista Krokpotkin que le inspiraron su teoría del altruismo recíproco1. En el otro bando, no sé cuál es la ideología de D. S. Wilson, aunque en su teoría no excluye la lucha entre grupos al lado del altruismo dentro de ellos.

No, no se trata de una lucha de ideologías, sino de un debate sobre qué sea la evolución biológica, sobre los niveles de la selección, sobre la teoría evolutiva y sobre las pruebas factuales. En ese debate, los evolucionistas de la corriente principal, que se consideran darwinistas ortodoxos, descuidan que Darwin, en El origen del hombre, dedicó varios capítulos a la evolución de nuestras facultades mentales, entre ellas las morales y el altruismo, esbozando una teoría en la que se inspiran los partidarios de la realidad del altruismo biológico, porque no solo es aplicable a nuestra evolución, sino, con la adecuada contextualización, a la de otras especies, y no solo las más próximas a nosotros. Están en su derecho de obviarlo aunque yo creo que algunos se han leído “diagonalmente” esa parte del libro de Darwin o directamente no la han leído. Están en su derecho, porque la ciencia no tiene textos sagrados y los nuevos conocimientos pueden hacer irrelevantes los anteriores o demostrar que eran equivocados. Sin embargo, como veremos, me parece que no es el caso.

He hablado de altruismo biológico. Es distinto del altruismo psicológico y puede coexistir con él o con el egoísmo psicológico, lo mismo que el egoísmo biológico puede coexistir con el psicológico o con su contrario. Operan a distinto nivel. El altruismo biológico consiste simplemente en la conducta que beneficia la eficacia biológica de otros individuos a costa de una pérdida en la misma por parte del sujeto, mientras que el egoísmo biológico consiste en las conductas que disminuyen la eficacia biológica de otros individuos aumentando la del sujeto. Las contrapartes psicológicas, para existir, necesitan una motivación. Mientras que el altruismo y el egoísmo biológicos se pueden dar en cualquier clase de ser vivo, los psicológicos solo pueden darse en animales con un sistema nervioso que supera cierto nivel de complejidad. El artículo del que he extraído la cita inicial trata del altruismo psicológico y en algún momento lo confunde con el biológico.

Se han reportado en la investigación biológica numerosos casos que a primera vista serían altruistas y eso ha supuesto un problema para la postulación del interés del individuo como criterio evolutivo. En general la reacción de los evolucionistas ha sido buscar en esos casos “motivos” egoístas más profundos: en realidad se trataría de altruismo aparente y los individuos “altruistas” conseguirían una mayor propagación de sus propios genes. Así, con comportamientos como los de las abejas obreras en favor de la colmena y de la reina, sus genes saldrían ganando al propagarse más copias suyas que si se reprodujeran ellas mismas. Esta explicación se conoce como selección de parentesco. Pero hay muchos comportamientos que no se realizan en favor de parientes, como el de ciertos murciélagos que se alimentan de sangre cada noche y que la ceden a los que no han podido conseguirla. Estos comportamientos se han explicado mediante la teoría del altruismo recíproco, que en realidad no es altruismo, sino algo así como un “hoy por ti, mañana por mi” o “yo rasco tu espalda y luego tú rascas la mía” por el que el supuesto altruista aumenta su eficacia biológica.

Durante mucho tiempo esas teorías han dominado el panorama en la explicación de todos esos actos que “ingenuamente” se podrían considerar altruistas. Pero hay algunos comportamientos que no pueden explicarse con ellas, como por ejemplo el observado en unos experimentos con tres grupos de chimpancés salvajes en los que se les dio acceso a una fuente de zumo de frutas https://fortanete.mabingenieros.com/index.php?Id=jlz_210515_01.html. Esta se podía hacer manar solo mediante un botón situado a una distancia de la misma que hacía imposible que los individuos que accionaban el botón pudiesen acceder a la fuente a tiempo para beber el zumo. En los tres grupos había individuos que accionaban el botón consiguiendo que bebieran sus compañeros pero no ellos mismos. No todos los grupos se comportaban exactamente de la misma manera. En unos era más frecuente o bien que los individuos que accionaban la fuente lo hicieran en favor de sus parientes, o bien en favor de sus “socios”. Pero en uno se daba con parecida frecuencia la acción en favor de parientes o de socios que en favor de individuos que no eran ni una cosa ni la otra. Los autores del experimento se rompían la cabeza con este comportamiento tan aparentemente contrario a las ideas darwinistas. Hay más casos sorprendentes, como el de perros que se han interpuesto entre un atacante y un niño que no tiene ninguna relación con ellos; los de aves que ayudan a la cría de los pollos de otros individuos no emparentados con ellas; o los de las plantas que emiten compuestos volátiles cuando son atacadas por herbívoros o parásitos, compuestos que sirven de señales a las plantas vecinas, incluso de otras especies, para prepararse ante el posible ataque, siendo el perjuicio para las primeras el gasto de una energía que les podría servir para su propia defensa o curación.

Estos comportamientos que difícilmente puede negarse que sean altruistas, no explicables por selección de parentesco ni por altruismo recíproco, son literalmente rompecabezas para los darwinistas más ortodoxos, que buscan, hasta ahora inútilmente, darles explicaciones egoístas más profundas.

Sin embargo, el mismo Darwin esbozó una buena explicación al tratar de la evolución de las facultades mentales humanas: la selección de grupos. En El origen del hombre conjeturó que facultades como el altruismo habrían evolucionado por la competencia entre grupos humanos con distinta composición de individuos altruistas. Los grupos con más proporción de ellos se harían con el medio y darían lugar a grupos con cada vez más individuos altruistas. Los evolucionistas de la corriente principal objetan a quienes defienden ese nivel de selección dos cuestiones principales: 1 que la presencia de individuos egoístas en los grupos haría disminuir progresivamente la proporción de individuos altruistas, con lo que el comportamiento altruista no tendría futuro evolutivo, y 2 que las diferencias entre individuos son significativamente mayores que las que se dan entre los grupos, con lo que la selección se centrará en los individuos. La segunda objeción parte de una confusión, a saber, que solo tiene en cuenta las diferencias genéticas; pero entre grupos pueden desarrollarse muchas otras diferencias: de proporción entre miembros altruistas y egoístas, de comportamiento, de “reglas de conducta”, de sociabilidad, etc. y por muchos medios distintos, desde los castigos dados a bajo coste o la imitación hasta la elección de compañeros. Todos estos mecanismos se han encontrado, tanto entre nosotros como entre otros animales, incluidos muchos con cerebro muy sencillo.

En cuanto a la primera objeción, se puede demostrar con unas matemáticas muy sencillas que si los grupos se disuelven de cuando en cuando e intercambian miembros, el aumento de aprovechados en los grupos no impide el aumento de altruistas en el conjunto de la población.

Quienes postulan este tipo de selección la han probado en el laboratorio y han aducido casos naturales que abonan su aserto. Sea como fuere, me parece que es la única explicación coherente que se ha dado hasta ahora de la paradoja de la conducta altruista.

Quienes defienden este tipo de selección, que aunque pocos cada vez son más y convencieron en sus últimos años a Edward O. Wilson, hasta entonces negador de la selección de grupos, no la consideran, a diferencia de lo que pasa con quienes defienden la selección individual, como la única forma, sino que defienden una teoría de la selección a diversos niveles, desde los genes a los ecosistemas, definiendo las condiciones en que podría predominar cada una, así como la fuerza de la selección a cada nivel según condiciones definidas. De modo que ofrecen caminos de investigación, mientras que en el caso de la selección individual como único nivel esos caminos, a mi parecer, ya resultan demasiado trillados.

Diciembre de 2022

1 El término altruismo en la teoría de Trivers es engañoso. Se trata de “egoísmo inteligente”: “yo me perjudico por ti y a cambio tú te perjudicas por mi en otro momento”.

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Diseño: Julio Loras Zaera

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