Se tiene entre legos y científicos una imagen de nuestros primos neandertales, al margen de las cuestiones relacionadas con la inteligencia y la capacidad simbólica, como fuertes cazadores de grandes animales que pasaban la mayor parte de su tiempo en esa tarea esencial para su supervivencia.
Los paleoantropólogos han hallado, analizando sus huesos, que sus brazos derechos eran mucho más fuertes que los izquierdos, incluso con más asimetría que los de los actuales ases del tenis. Lo explicaban por la actividad de clavar lanzas. Pero el análisis (https://doi.org/10.1371/journal.pone.0040349) realizado por un equipo de antropólogos y kinesiólogos (especialistas en el estudio anatómico en relación al movimiento) refutó esa asunción. En ciencia, las refutaciones son valiosas y aún más valiosas son las explicaciones alternativas. Y los autores del artículo ofrecen una que se basa rigurosamente en datos experimentales.
Naturalmente, los experimentos no se hicieron con neandertales, sino con voluntarios de nuestra especie, a los que se les pidió que realizaran tareas de clavar lanzas y de raspado de pieles. En cada caso, mediante electromiografía y otros procedimientos, se midieron los valores de las fuerzas realizadas por los músculos y en las estructuras óseas pertinentes de cada lado del cuerpo. En las tareas relacionadas con la lanza esas fuerzas resultaron, contra lo que la mayoría pensaba, significativamente menores en el lado derecho. En las de raspado (unimanual) el resultado fue el contrario: el esfuerzo del lado derecho resultó mayor que el del izquierdo.
Aunque los investigadores no dejan de considerar que podrían darse otras hipótesis (por ejemplo, que el raspado fuera bimanual) ni de tener en cuenta que tal vez los neandertales fueran zurdos, lo que, dado que entre nosotros la inmensa mayoría son diestros y que la mayoría de primates también lo son, creen muy improbable, sus conclusiones son muy sólidas y se ven reforzadas, contra quienes pudieran creer que el raspado no tiene suficiente entidad para influir en la anatomía de sus practicantes, por la observación de muchos pueblos que lo practican, de la que se deduce que es una actividad que requiere mucho tiempo y que no produce mucha cantidad de producto en poco tiempo. Es decir, que el raspado de pieles por los neandertales debía de ser una actividad que consumía gran cantidad de tiempo. Y el clima frío en que vivieron hacía imprescindible el vestido, por lo que esa actividad debía de ocuparles gran parte del tiempo.
Lo que lleva a otra conclusión, provisional, como todas en ciencia: sin negar que tal vez la caza fuera una ocupación muy importante, tan importante o más que esa debió de ser la preparación de las pieles y la confección de sus vestidos. Los investigadores también han prestado atención a la fabricación de herramientas y han concluido que esta tarea no lleva a esa asimetría, ni por la fuerza utilizada, ni por la repetición.
Que previamente las investigaciones no tuvieran en cuenta la hipótesis del raspado me parece indicativo de un sesgo doble: en favor de las actividades épicas y, dado que se suele considerar, sin demasiado fundamento, que la caza tiene que ser una actividad masculina, más fundamental que las actividades más cotidianas, como la confección del vestido, estas actividades se consideran, inconscientemente, como más definitorias del comportamiento humano.
Marzo de 2026