i Creo que hay un error, ya que la irradiancia es la cantidad de energía radiante recibida por unidad de superficie y parece lógico pensar que no se medía eso, sino la energía emitida por unidad de superficie, en respuesta a la iluminación con ultravioleta. Esta segunda magnitud se conoce como excitancia radiante o salida radiante. Por lo que a partir de ahora, no hablaré de irradiancia, sino de excitancia radiante.
Ciervos que dejan señales fotoluminiscentes
La fotoluminiscencia consiste en la emisión de fotones por un cuerpo o una sustancia al incidir luz en ellos. Los fotones emitidos tienen menos energía que los incidentes, siendo la luz emitida de onda más larga que la recibida. Muchos mamíferos presentan este fenómeno en el pelaje o en la piel, aunque su función biológica, si es que tiene alguna, aún no está clara. Hasta ahora se va estudiando la fotoluminiscencia del pelaje y de la piel, pero un equipo formado por tres especialistas en ciencias ambientales y uno en la visión se preguntaron si ese fenómeno también se daría en las secreciones de los mamíferos, con funciones señalizadoras, y lo investigaron (https://doi.org/10.1002/ece3.72618) en el ciervo de cola blanca (Odocoileus virginianus), un ciervo americano cuya área de distribución abarca prácticamente todas las Américas. La elección de una especie de ciervo para su estudio es muy acertada, puesto que los ciervos, en ciertas épocas del año, dejan una profusión de señales de diversas clases con glándulas de la frente y de las mejillas, de las patas, con el sudor y con la orina. Hasta ahora se consideraba, acertadamente, que eran señales captadas por el olfato y el gusto. Los autores del trabajo investigaron si, además, también podían ser captadas por la vista.
Los ojos de los ciervos de cola blanca tienen unos conos con el pico de sensibilidad en los 450-460 nm (que nosotros percibimos como un azul entre el violeta y el cian) y otros con el pico en los 537 nm (nosotros lo percibimos como verde puro). Carecen de pigmentos que filtren la luz ultravioleta y se supone que son sensibles a longitudes de onda cortas de la luz que predomina en las horas crepusculares, cuando son más activos.
Se estudiaron las marcas detectadas, por una parte, entre el 8 de septiembre y el 2 de octubre y, por otra, entre el 14 de octubre y el 15 de noviembre de 2024. El primer período corresponde a la máxima actividad de frotamiento y el principio de la de raspado. En el segundo se da la máxima actividad de raspado y el declive de la de frotamiento. Esperando que la luz ultravioleta sobre esas marcas produjera fotoluminiscencia, mediante técnicas que conseguían que solo se iluminaran con ultravioleta, se escanearon para medir la posible irradianciai.
En el escaneo, las marcas del suelo y las de las pequeñas ramitas no produjeron excitancia claramente detectable, por lo que el estudio se centró en los troncos y las ramas de cierto tamaño. Se expuso cada señal a una luz ultravioleta de 365 nm y otra de 395, después de averiguar que esas longitudes de onda están muy presentes a las horas crepusculares. En cuanto a los resultados, las partes de las cortezas marcadas presentaron mayor excitancia que las de alrededor, de forma significativa con ambas iluminaciones. En cuanto a la longitud de onda de la emisión fotoluminiscente, estuvo dentro del espectro de la visión de los ciervos. En cuanto a la orina, también mostró excitancia a la luz ultravioleta de las longitudes de onda mencionadas, emitiendo luz también dentro del espectro visible de los ciervos. Esto implica que es muy posible que estos ciervos, además de oler las señales, pueden verlas y que sus señales no son solo químicas, sino también visuales.
Queda por determinar cuáles son las sustancias responsables de esa fotoluminiscencia, que pueden ir de sustancias propias de los árboles hasta sustancias contenidas en la orina y en los fluidos de los ciervos. Incluso podría deberse a la interacción de esos fluidos con sustancias vegetales.
Mayo de 2026