No pensaba, en esta serie sobre pseudociencia y pseudoterapias, escribir nada centrándome en personajes, pero finalmente he decidido escribir sobre dos de ellos. Uno, vinculado a las llamadas medicinas alternativas, Sor Teresa Forcades, y otro que, aún teniendo una formación científica e incluso un principio de carrera en la investigación biológica, se pasó con armas y bagajes al campo de la pseudociencia, Robert Lanza. Hablo hoy de la primera debido a su influencia importante en determinados sectores de las llamadas izquierdas alternativas, especialmente en Cataluña.

Teresa Forcades nació en 1966 en Barcelona, licenciándose en Medicina en 1990, desde donde se trasladó a los EEUU para cursar Medicina Interna, que acabó cinco años más tarde. Dos años después, finalizó un máster en Teología protestante y volvió a Barcelona, donde revalidó sus estudios teológicos para adecuarlos al catolicismo e ingresó en la orden benedictina en el monasterio de Sant Benet de Monserrat.

Su tesis doctoral en Salud Pública versó sobre las llamadas medicinas alternativas, como, por ejemplo, las terapias con agua de mar que los gobiernos nicaragüenses fomentan, tanto por ignorancia como por falta de medios sanitarios decentes. Su visión de estas pseudoterapias es muy positiva.

La Forcades es una monja bastante atípica, puesto que participa destacadamente en la política catalana en posturas cercanas a las CUP, una formación independentista que se reclama de la izquierda alternativa. Esto contribuye a que sus afirmaciones sobre salud pública y medicina tengan gran influencia en las gentes de esos entornos. También influye en sectores menos cercanos a esas posiciones políticas, pero generalmente de izquierdas, aunque no solo, ya que sus opiniones pseudomédicas también encuentran eco apreciable en gente no politizada, pero sí vagamente”ecologista” y desconfiada de la medicina “oficial”.

Teresa Forcades se dio a conocer ampliamente con ocasión de la alarma ante la llamada gripe A. Criticó la modificación del concepto de pandemia que realizó la OMS eliminando el requisito de gran mortalidad para su declaración, declaración que conlleva la indicación a los gobiernos de que lleven a cabo vacunaciones masivas, y lo atribuyó al interés de dos farmacéuticas que estaban produciendo vacunas para esa enfermedad. También dijo que esa gripe era menos letal que la gripe común. Ambas críticas eran razonables: más tarde se separó del consejo asesor de la OMS a dos expertos que tenían relación con esas farmacéuticas y realmente la gripe A resultó más benigna que la gripe común y algunos gobiernos hicieron críticas parecidas, aunque menos contundentes.

Pero, además de estas críticas razonables, la Forcades hacía en su campaña otras menos sensatas. Así, denunció que un técnico de laboratorio había probado un lote de una de las vacunas en comadrejas y que todas habían muerto, lo cual era cierto, pero se debía a contaminación con dos virus vivos, uno de los cuales podía ser letal, y esas partidas de la vacuna no fueron distribuidas a las poblaciones. Además, criticó duramente el hecho de que esas vacunas debían administrarse en dos o tres veces y que ello multiplicaba por tres los peligros de los aditivos que acompañan a las vacunas para conservarlas, para evitar que sean invadidas por microorganismos y para coadyuvar a su efecto sobre el sistema inmunitario. Esto es un lugar común del discurso de los antivacunas, que ya traté en el artículo sobre las vacunas: las concentraciones de esas moléculas son mucho más bajas que las dosis de las mismas que nos metemos en el cuerpo cada día.

La guerra de sor Teresa contra las vacunas es constante y machacona. Tiene multitud de vídeos sobre el tema. Los más frecuentes son contra la vacuna contra el virus del papiloma humano, donde dice que su eficacia “solo” es del 95 por ciento, con lo que según ella, un 5 por ciento no está, suponiendo que la vacuna proteja, protegido. Eso es indigno de una persona que se ha doctorado en salud pública: el 95 por ciento se trata de personas protegidas con certeza y el otro 5 por ciento pueden estar protegidas directamente o no, y desde luego estarán protegidas si la población se vacuna, caso en que no habrá un reservorio del patógeno; solo no estarán protegidas si una fracción significativa de la población no se vacunara. En estos vídeos también hace mucho hincapié en la cuestión de los aditivos, nombrándolos de tal manera que quien ve los vídeos sin una preparación científica elemental entra en pánico.

En otras ocasiones, habla de enfermedades graves y muertes provocadas por vacunas, sin presentar el mínimo contexto estadístico. Estos casos se producen con una frecuencia del orden de uno por millón. Otra vez hace pensar que no sacó gran provecho de su doctorado en salud pública.

Lo más trágico de esto es el caso del niño de Olot que estuvo entre la vida y la muerte ingresado en la UVI por padecer difteria. Este niño, que no estaba vacunado porque sus padres habían sido convencidos por gente como nuestra monja, además, contagió a unas cuantas personas más. La Forcades salió a la palestra diciendo que los padres habían hecho bien por los peligros de la vacunación.

Y aún tiene otra faceta más estrambótica, la defensa del MMS (Solución Mineral Milagrosa), que no es otra cosa que clorito de sodio, un blanqueante industrial prohibido para uso en humanos, como “medicamento” adecuado para multitud de enfermedades, desde el ébola o la malaria hasta el autismo (que no es una enfermedad). En esto apoya a un farsante famoso, el agricultor Josep Pàmies, que, sin tener ningún conocimiento médico, ha montado todo un negocio con supuestas medicinas naturales y alternativas, con un millón de euros de ingresos hace tres años. Este “gurú” se dedica ahora a engatusar a padres de hijos autistas para “curarlos” con el blanqueante. Ya hay varias madres que han caído en sus redes y lo han denunciado, en vista de los resultados de la terapia, El pasado 10 de diciembre, Sor Forcades participó en un acto a favor del clorito de sodio para uso medicinal, en concreto, para combatir la epilepsia. Allí se dijo que lo que ella llama MMS se usa en el tratamiento de aguas en varias ciudades, obviando que se hace en las primeras fases del tratamiento y de manera que en el agua potable no quedan trazas de clorito de sodio. Esto lo decían para demostrar su inocuidad. Se adujo un informe de la OMS en que no solo se establece su regularización, sino que también se establece la dosis de ingesta segura para humanos, sin decir que ese documento se refiere a tratamiento de aguas y no, de ninguna manera, a uso directo humano, ni aún menos como medicina. Sor Teresa se acogió a un estudio de la Agencia Europea del Medicamento en que se prueba este producto para tratar la ELA (la enfermedad que padecía Stephen Hawking) y que sirvió para que la Agencia lo declarara medicamento huérfano, lo que significa que simplemente se autoriza su estudio sin validar su eficacia. Fuentes de la Asociación Española de Esclerosis Lateral Amiotrófica (ADELA) han negado que se esté utilizando el clorito de sodio como medicamento. Al final del acto se informó sotto voce sobre cómo y dónde puede comprarse el MMS.

Otra actividad estrafalaria entre las muchas que realiza esta visionaria son los cursos, a 50 euros la sesión, de EFT (Terapia de Liberación Emocional), una combinación bizarra de acupuntura sin agujas y psicoanálisis, indicada para cualquier tipo de enfermedad.

Enero de 2019


Julio Loras Zaera
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