Se suele decir que dichos y refranes son grandes verdades… o solemnes tonterías. Hay uno en mi tierra que dice así: Si la gripia viera y el escurzón oyera, no habría hombre que al campo saliera. Dejando aparte su sexismo, que comparte con la mayoría y que no es cuestión de retraer a los tiempos antiguos (las mujeres siempre han salido al campo, e incluso han labrado cuando ha sido necesario, como puede atestiguar más de una abuela de mi pueblo y de muchos otros), indagaremos qué hay de cierto en él.

Lo que hay detrás del dicho es el miedo a las mordeduras venenosas. Todo el mundo sabe que el escurzón o víbora hocicuda (Vipera latasti) es la única serpiente venenosa que hay en nuestra tierra. Se trata de una serpiente de hasta 60 cm, a veces hasta 75, siendo el macho mayor que la hembra y con un apéndice nasal marcado, de cuerpo algo rechoncho, con cabeza triangular y ancha. Su color de fondo usual es grisáceo, parduzco o, raramente, rojizo, sobre el que destaca una línea dorsal ondulada o en zigzag con el borde más oscuro. Tiene el vientre grisáceo, a menudo con algo de amarillo en la cola.

Víbora hocicuda

El escurzón es diurno, pero en condiciones cálidas también es nocturno, prefiriendo zonas secas y montuosas, dándose más en áreas rocosas secas y bosques abiertos. Captura pequeños mamíferos, lagartos e invertebrados. Se aparea, al parecer, en abril, y la hembra pare hasta ocho crías de 18 cm, en agosto.

Víbora hocicuda

Su mordedura venenosa tiene una razón de ser distinta de hacer peligrar a los humanos: la captura de presas grandes para su tamaño, presas a las que inyecta el veneno y deja huir, buscándolas después por el olfato y por un sentido especial que le permite detectar el calor, lo cual le permite encontrarlas incluso con los ojos tapados. Tiene un par de glándulas salivales especializadas en producir veneno que comunican por unos pequeños conductos con dos dientes curvados y agudos que están huecos y actúan como una aguja hipodérmica. Estos dientes, situados en la parte anterior de la boca, se pliegan en unos huecos membranosos del techo de la boca cuando el escurzón no los utiliza.

Víbora hocicuda

Antes de seguir, tal vez valga la pena hablar de cómo actuar en caso de mordedura de escurzón. Lo primero que hay que saber es que su veneno no puede matar a un adulto sano, aunque sí a niños pequeños y ancianos débiles, por lo que no hay que asustarse demasiado. Lo primero que puede ocurrirnos es un shock: uno se siente débil y tembloroso y, a veces, puede quedar semiinconsciente, con la piel fría y húmeda. No es un síntoma de envenenamiento, sino que puede darse con cualquier mordedura. Si hay envenenamiento, se produce, a los pocos minutos, inflamación en la parte mordida, pudiendo aparecer más tarde síntomas más generales, que pueden incluir sudor, vértigo, vómitos, dolores de vientre y diarrea.

Lo que debe hacerse es lo siguiente:

  • Primero, tranquilizarse. La ansiedad y el pánico son perjudiciales. Es bueno tomar aspirina.

  • En segundo lugar, esperar tranquilamente a ver si se produce inflamación. Si no la hay, no se ha inyectado veneno.

  • Si hay inflamación, mantener la parte mordida tan inmóvil como sea posible y conseguir ayuda médica. Evitar la actividad intensa, no apresurarse, para que el veneno se difunda lo más lentamente posible.

  • NO CORTAR ni succionar la herida, eso sólo se hace en las películas. Aumenta el riesgo de infección y puede provocar un shock.

  • Si la atención médica puede tardar una hora o más, puede hacerse un torniquete firme, pero no demasiado apretado, por encima de la zona mordida, para reducir el retorno de la sangre y con él la difusión del veneno.

    Y sigo. El escurzón, como todas las serpientes, no tiene tímpano ni oído medio, por lo que, técnicamente, es sordo, es decir, no es capaz de percibir las vibraciones del aire. Pero sí que capta las vibraciones del suelo, transmitidas al oído interno por la mandíbula. Hasta aquí, pues, quitando la subyacente exageración de que el veneno del escurzón pueda matar a un adulto sano, todo bastante en orden. Veamos qué pasa con la otra parte del refrán.

    La gripia o eslizón ibérico (Chalcides bedriagai) es un endemismo de la Península, lo que significa que sólo habita, de todo el mundo, en ella. Se trata de un lagarto pequeño, de unos 16 cm, la mitad de los cuales pertenecen a la cola. De cabeza pequeña y cónica, la gripia tiene patas bastante reducidas con cinco dedos cada una. El tronco es corto y cilíndrico o subcuadrangular. Las escamas dorsales, laterales y ventrales son semejantes, lisas y brillantes. El color dorsal es marrón, cuero, gris (mi abuelo me explicaba, cuando yo aún no la conocía, que la gripia era una lagartija como de plata) u oliva claro, según las poblaciones, pudiendo presentar ocelos o bandas dorsilaterales o laterales en el sentido cabeza-cola. Tiene el vientre claro.

    Eslizón ibérico

    La gripia prefiere suelos arenosos con vegetación aclarada o densa de plantas bajas. Se esconde entre raíces, bajo piedras o troncos. Es de costumbres muy secretas, por lo que es difícil de ver. Es activa y toma el sol por la mañana y a mediodía, pero también caza el resto del día, siendo muy territorial, es decir, que los individuos defienden territorios propios frente a otros individuos de la misma especie. Se alimenta de adultos y larvas de diversas clases de insectos y cochinillas de la humedad, siendo poco selectiva en sus preferencias.

    Es ovovivípara, lo que significa que los huevos eclosionan en el interior de la hembra, pariendo de una a cuatro crías, de finales de mayo a finales de julio. Estas crías miden 5,4 cm, de los que 2,5-3,2 corresponden a la cola.

    Tiene ojos bien desarrollados y funcionales, por lo que ve como cualquier lagarto, y no es venenosa. De hecho, no existe ningún lagarto venenoso fuera de Indonesia y éstos son lagartos que, más que inocular veneno, inoculan bacterias que producen graves infecciones.

    Eslizón ibérico

    Pero la cuestión no es ésa, sino ¿cómo un dicho tan manifiestamente falso pudo tener tanto éxito? Yo no tengo la respuesta, pero me imagino que si alguien la tiene deben de ser los antropólogos de las escuelas ecológicas y materialista cultural, que prestan mucha atención a las relaciones de los humanos con el medio.

    De próxima publicación en la revista Ontejas, de Fortanete
    © Julio Loras Zaera
    Profesor Francho de Fortanete


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