Julio Loras Zaera

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Profesor Francho de Fortanete A la luz de la ciencia. Biología y asuntos humanos

Durante este año hemos asistido a una agria polémica, el primer lamentable resultado de la cual ha sido la decisión de Bernat Soria de continuar su investigación fuera de España. Se trata de la polémica referente a la investigación sobre las células madre embrionarias. El gobierno español, como el Vaticano y el gobierno estadounidense, es radicalmente contrario a ella, no sólo porque la investigación debe hacerse obligadamente con embriones, sino también porque es la base de la clonación terapéutica.

Pero ¿qué son las células madre? Pues, células capaces de autorrenovarse indefinidamente (es decir, de producir indefinidamente células como ellas) y, simultáneamente, de originar células comprometidas en determinadas rutas de desarrollo hasta producir tipos celulares específicos, como neuronas, células sanguíneas o células óseas.

El zigoto, la célula huevo, es totipotente, es decir, capaz de producir todos los tipos celulares que conforman a un individuo. Se va dividiendo en células hijas y muy pronto da lugar a la mórula, una esfera compacta compuesta de células también totipotentes, como lo prueban los gemelos idénticos. A los pocos días, tiene lugar la primera especialización, formándose el blastocisto, constituido por una capa superficial que se diferenciará en el trofoblasto que da lugar a la placenta, y una cavidad rellena de fluido que contiene la masa celular interna, de la que se formará el embrión.

Las células de la masa celular interna no son totipotentes, puesto que no pueden dar lugar a una placenta, sino pluripotentes, pudiendo dar lugar al resto de los tejidos. Estas células, conocidas como blastómeros, no son realmente células madre en el embrión, puesto que no se mantienen indefinidamente, sino que se especializan en los distintos tipos celulares. Pero en cultivo sí que se consigue que se autorrenueven.

En los años 80 se cultivaron blastómeros de la masa celular interna de embriones de ratón, consiguiéndose células madre pluripotentes y capaces de contribuir a la línea germinal, es decir, a la que da lugar a las células sexuales. Eran pluripotentes in vivo, puesto que al incorporarse a otros blastocistos daban cualquier tipo de tejido u órgano, y lo eran in vitro, puesto que en cultivo podían contribuir a los tres tejidos del embrión (ecto, meso y endodermo). Esto último dio la pista de su importancia para la clonación terapéutica.

Se observó que, in vivo, estos blastómeros, según a qué parte del blastocisto se trasplantaran, podían contribuir a la línea germinal de ratones quimera (con células de dos procedencias distintas), lo que se ha utilizado, manipulando genéticamente los blastómeros a trasplantar, para obtener ratones transgénicos hijos de ratones que sólo tenían manipulada la línea germinal.

Otras células madre, llamadas germinales, se han aislado de fetos, a partir de la cresta germinal, donde se está produciendo la diferenciación de la línea germinal.

También existen células madre de adulto. Hacía tiempo que se conocían las células localizadas en la medula ósea que dan lugar a las células sanguíneas y a las del sistema inmunitario, y las de la piel. Se trata de tejidos de alta tasa de proliferación, y se creía que sólo las había en ellos. Pero recientemente se han ido encontrando en otros tejidos, incluso de muy baja tasa de renovación, como el cerebro.

Estas células, las del adulto, no provienen directamente de las del embrión, que parece que se diferencian en su totalidad, sino que son células especializadas que se originan para hacer frente tanto a condiciones fisiológicas normales como a daños. No se pensaba que fuesen pluripotentes, sino que sólo podían dar lugar a los tipos celulares de un tejido. Pero cultivándolas se ha observado que algunas presentan suficiente flexibilidad para dar lugar a células especializadas distintas de los tipos a que parecen destinadas.

Las células madre no sólo se han obtenido de ratones y de moscas del vinagre, también se han obtenido de humanos, a partir de fetos abortados y de embriones sobrantes de protocolos de fecundación in vitro.

Sus posibles aplicaciones están en los estudios básicos (como el del desarrollo), en el diseño de medicamentos nuevos y en terapia celular o reparación de tejidos. Esta última aplicación es la que ha dado esperanzas a gentes afectadas de diabetes o de enfermedades caracterizadas por degeneración neuronal como el Alzheimer o el Parkinson, aunque las soluciones no están cercanas. Parece ser que quien tiene el trabajo más avanzado en esta última vía es el equipo de Ian Wilmut (el "creador" de la oveja Dolly), que ya ha solicitado permiso para investigar en clonación terapéutica. Se trataría de tomar el núcleo de una célula del enfermo e inyectarlo en un óvulo que se iría dividiendo como un zigoto. Se tomarían blastómeros de la masa celular interna del blastocisto resultante y se cultivarían en las condiciones adecuadas para generar los tejidos correspondientes a los dañados o se inyectarían en la zona dañada. En el primer caso, los tejidos se trasplantarían sin ningún peligro de rechazo al individuo enfermo.

Otros equipos trabajan la posibilidad de crear in vitro, a partir de células madre embrionarias, muchísimas líneas caracterizadas por diversos complejos mayores de histocompatibilidad, con la finalidad de poder realizar trasplantes menos peligrosos. Aunque hay otros sistemas menores de histocompatibilidad que aún podrían crear problemas.

Las condiciones para unas células madre para terapia celular y trasplantes en humanos son las siguientes:

  • que efectivamente sean pluripotentes,
  • que sean capaces de proliferar indefinidamente,
  • que tengan un fenotipo estable (fenotipo son las características observables de un organismo), bien caracterizado molecularmente,
  • que carezcan de potencial tumorigénico y
  • que sean susceptibles de manipulación genética.

Ante los esfuerzos en la investigación sobre células madre embrionarias, el Vaticano, la Administración estadounidense y el gobierno español, ayudados por unos pocos científicos, oponiéndose a ella, han abogado por la investigación en células madre de adulto, para evitar la utilización de embriones.

A mí me parecería eso muy bien, si no fuera por dos razones que me parecen de mucho peso. En primer lugar, la investigación en células madre embrionarias está mucho más avanzada que la referente a las adultas, y ninguna razón moral es suficiente para hacer esperar más a los pacientes. En segundo lugar, no está claro que las células madre adultas sean efectivamente pluripotentes y puedan dar lugar a cualquier tipo celular especializado.

© Julio Loras Zaera
Profesor Francho de Fortanete

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