Lo visto en el artículo anterior contradecía frontalmente la hipótesis de Lovejoy y las conclusiones de Mann. Hubo un fuerte controversia donde se puso en cuestión la precisión del reloj biológico de las estrías de Retzius y se buscaron defectos en las cartas de desarrollo dental de Smith. Un momento importantísimo de la polémica llegó con el estudio del llamado niño de Taung.

El niño de Taung

Se conoce con este nombre informal el fósil encontrado en 1924 por Raymond Dart, asignado a Australopithecus africanus (de hecho es el holotipo de la especie, es decir, el ejemplar que sirvió para definirla) y perteneciente a un individuo inmaduro.

Con los estudios de Mann y la hipótesis de Lovejoy, se podía concluir que ese individuo había muerto hacia los 6 años. Glenn Conroy y Michael Vaunier publicaron en 1987 los resultados de su estudio de este ejemplar mediante tomografía axial computerizada (el popular TAC, tan usado por los neurólogos, entre otros), pudiendo ver por vez primera, cosa que era imposible con radiografía, el estado de mineralización de sus dientes.

En nuestros niños, cuando los primeros molares permanentes completan la erupción y comienzan a ser funcionales, incisivos, caninos y primeros premolares han formado ya una cierta porción de su raíz. El TAC del niño de Taung mostró que tanto en el maxilar como en la mandíbula, los incisivos, caninos y primeros premolares no habían empezado a formar la raíz. El estándar de Homo sapiens sugiere una edad de algo más de 3 años por el desarrollo de incisivos y caninos y de 6 años si tenemos en cuenta el primer premolar, una clara disonancia que contrasta con los resultados obtenidos sobre la carta de desarrollo dental de chimpancés y gorilas. En este caso, se sugieren 3-4 años. De modo que el estudio de Conroy y Vaunier indicaba que Australopithecus africanus tenía un patrón de desarrollo dental similar al de los simios antropomorfos, mostrando la solidez de las conclusiones de Bromage, Dean y Smith.

La solución definitiva

En 1995, R. Smith, P. Gannon y M. Smith recordaron la importancia de los datos sobre la capacidad craneal. Estos investigadores compararon los datos de capacidad craneal y erupción del primer molar de primates, obteniendo una recta definida por la ecuación

ln (edad de erupción de M1) = 0,582 ln (capacidad craneal) - 2,0405

donde ln significa logaritmo neperiano, el exponente al que hay que elevar el número e para obtener el número dado.

Sobre esta recta situaron los distintos primates vivientes, además de A. Africanus, P. robustus H. Habilis, H. Ergaster y H. Erectus, según, estos últimos, las edades de erupción de M1 estimadas por el método de Mann. Los diferentes homínidos se situaban sistemáticamente bastante por encima de la recta. La solución de la discrepancia consistía en asumir que esos homínidos tenían la erupción de M1 más temprana, acorde con su capacidad craneal y más próxima a la del chimpancé que a la de H. Sapiens.

La conclusión de que el modelo de historia biológica de esos homínidos era similar al de chimpancés y gorilas quedaba así bien establecida. Aunque Homo ergaster y Homo erectus se alejaban más delchimpancé que los demás.

Después de este estudio, B. Bogin y H. Smith propusieron un modelo para los cambios de desarrollo sucedidos en la evolución de los homínidos, basándose en los datos sobre la capacidad craneal.

Según este modelo, Australopithecus afarensis tendría un desarrollo del todo semejante al de los chimpancés; Australopithecus africanus, con un incremento de 50 c.c. habría sufrido un ligero aumento de la infancia y del período juvenil; Homo habilis, con una capacidad craneal superior a 600 c.c., habría tenido ya una niñez incipiente, con un acortamiento significativo de la infancia y una etapa juvenil inalterada, con una duración total del desarrollo de 13-14 años. Pero esto era incompatible con las conclusiones de Bromage y Dean. Según estos últimos, el aumento de capacidad craneal no habría tenido lugar por alargamiento de fases del desarrollo postnatal, sino por un aumento de la tasa de crecimiento fetal del cerebro. Se trata, sin embargo, de una cuestión de matiz que no está resuelta.

Para Homo ergaster, estos autores sugieren un período de maduración similar al de H. habilis, hasta que alcanzó una capacidad craneal de 850-900 c.c. Pero su patrón de desarrollo fue algo diferente del de H. habilis. La infancia se habría reducido, mientras que la niñez sería ya una fase destacada. Cuando los homínidos alcanzaron los 1000 c.c., sucedió el acortamiento del período juvenil y apareció la adolescencia. La niñez se fue prolongando hasta que su duración superó la de la infancia.

El chico de Turkana (1,5-1,6 millones de años)

Se suele considerar este fósil como perteneciente a Homo ergaster, posiblemente en la línea que llevó a nosotros. Holly Smith examinó y comparó el estado de desarrollo de sus dientes con los patrones de H. sapiens y de varias especies de primates.

Mostraba una secuencia de erupción segundo molar-canino, presente en el 10-20 % de las poblaciones modernas. Smith estimó en 10-11,5 años su edad de muerte en caso de que la erupción de sus caninos y segundos molares fuera similar a la nuestra. Partiendo del estado de desarrollo dental, afinó más, proponiendo 10,7 años. El desarrollo relativo de los dientes del niño de Taung está dentro del rango de variación de nuestra especie, pero no representa el caso más habitual, alejándose de nuestro estándar. Si se compara con los simios antropomorfos, se obtiene una mayor congruencia, estimándose así una edad de casi 7 años.

Estudiando su grado de madurez esquelética, Smith observó un desarrollo de 13-13,5 años. Teniendo en cuenta conjuntamente el desarrollo dental y el esquelético, Smith consideró que H. ergaster tendría un patrón específico de crecimiento y desarrollo, alejado del de los antropomorfos y acercándose al nuestro, aunque aún no habría aparecido el estirón puberal.

Pero margaret Clegg i Leslie Aiello han aportado datos que no favorecen esa hipótesis, a partir del estudio de diez londinenses de los siglos XVIII i XIX fallecidos entre los 5 y los 18 años. Sus edades de muerte estimadas por el desarrollo dental y por la estatura no sólo eran inferiores a las reales, sino que además presentaban una fuerte discrepancia. En ocho casos, las edades determinadas por maduración esquelética eran más elevadas que las determinadas por desarrollo dental y se aproximaban a las reales, situación similar a la del chico de Turkana, por lo que los argumentos de Smith resultan debilitados.

Los fósiles de la Gran Dolina

Se trata de fósiles de homínidos de hace unos 800.000 años, con los que se definió una nueva especie, Homo antecessor, que podría ser el antepasado tanto de los neandertales como nuestro. Los homínidos 1, 2 y 3 de este yacimiento se estudiaron para contrastar dos hipótesis alternativas: 1) los homínidos de la Gran Dolina tenían un patrón de desarrollo dental similar al nuestro, y 2) los homínidos de la Gran dolina tenían un patrón de desarrollo dental similar al del chimpancé.

Asignando edades de muerte a los respectivos estados de desarrollo dental teniendo en cuenta el estado de desarrollo relativo del incisivo lateral y del primer molar inferiores, según los estándares de distintas especies y analizando los datos se obtuvieron unos agrupamientos con dos conjuntos principales: A. afarensis, A. africanus y H. ergaster con chimpancés y gorila, y H. erectus, H. neanderthalensis y H. antecessor con H. sapiens.

Haciendo lo mismo teniendo en cuenta el estado de desarrollo relativo del canino y del segundo molar inferiores, gorila y chimpancés forman un conjunto separado, pero próximo a A. africanus, H. habilis y un H. ergaster antiguo, con otro grupo que incluye nuestra especie, H. neanderthalensis, H. erectus, un H. ergaster reciente y H. antecessor.

Lo anterior apunta a que la transición tuvo lugar dentro de la especie Homo ergaster, que se considera, en primer lugar, el antepasado de H. erectus, que coexistió durante mucho tiempo con él, y más tarde, de H. antecessor.

También se estudió el desarrollo relativo de los molares, el tiempo entre la formación de la corona del segundo molar y el inicio de la del tercero (3 años en H. sapiens y solapamiento en gorila y chimpancés), que tiene relación con la prolongación de la ontogenia y una larga adolescencia.

El homínido 3 presentaba un desarrollo del tercer molar relativamente avanzado respecto al segundo, pareciendo estar fuera de nuestra variabilidad, pero un 11 % de los sudafricanos tienen un tercer molar aún más acelerado. El homínido 1 presenta un desarrollo relativo de los dos molares en el rango de variación de nuestra especie.

En consecuencia, Homo antecessor tendría una ontogenia semejante a la nuestra. Lo mismo se ha concluido de la otra rama a la que dio lugar, los neandertales.

© Julio Loras Zaera
Profesor Francho de Fortanete


Julio Loras Zaera
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