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Quienes sigan estos artículos habrán advertido que una parte sustancial de los mismos se dedica a la teoría de la evolución y a la evolución de los homínidos. Lo siento, los escribo más por mi interés que por el de quien los pueda leer, y mi mayor interés como consumidor de ciencia son esos dos temas, aunque creo que pueden interesar a mucha gente, los humanos nos sentimos fascinados por los relatos de orígenes. En consecuencia, espero que también se advierta que pongo más esmero en estos artículos que en los demás, que considero marginales.

Para prepararlos, leo todo lo que puedo sobre esos temas, ya sean revistas, ya libros, científicos o divulgativos (siempre de un cierto nivel mínimo). Recientemente, ha aparecido un libro de Bermúdez de Castro, del equipo de Atapuerca (Bermúdez de Castro. El chico de la Gran Dolina. En los orígenes de lo humano. Crítica: Barcelona. 2002), cuya parte más sustancial está dedicada a la evolución de la ontogenia de los homínidos, es decir, de su desarrollo desde el nacimiento hasta la edad adulta.

Éste es un tema que, aunque hace por lo menos tres décadas que se estudia, ha sido muy poco divulgado, eclipsado por otros más llamativos, pero en absoluto más importantes.

Hasta que se inició esta línea de estudios, la historia evolutiva consistía en una serie de formas adultas que se sucedían sin ninguna conexión con los modelos de historia biológica. Era una visión muy parcial y muy poco informativa. Hoy tiende a considerarse la evolución como una historia de ciclos vitales que se derivan unos de otros, más acorde con la consideración biológica de los animales como organismos que siguen vías de desarrollo específicas relacionadas con sus programas genéticos y con sus estilos de vida.

Las fases del desarrollo de los hominoideos

Los hominoideos son el grupo natural que comprende a los antropomorfos (gorila, chimpancés) y a los homínidos. Se considera que ambos proceden de un antecesor común no compartido con otros primates.

Los dos extremos en cuanto a las vías de desarrollo de los hominoideos son la de los chimpancés y la de nuestra especie. Extremos que se considera que también son los de los homínidos (más adelante se verá por qué).

En el desarrollo de los chimpancés desde el nacimiento hasta la fase adulta, se distinguen las siguientes fases: 1) una infancia de 5 años, caracterizada por la lactancia, la presencia de los dientes de leche hasta el inicio de su sustitución por los definitivos y la dependencia de los adultos para la alimentación (sólo digieren bien la leche) y protección (tanto frente a las agresiones físicas del entorno como inmunológica, mediante las células y moléculas presentes en la leche), y 2) una fase juvenil, hasta los 12 años, en que el individuo ya se alimenta por sçi mismo, pero aún depende parcialmente del cuidado de los adultos; se trata de un período de aprendizajes de todo tipo, que termina con una cierta aceleración del crecimiento en peso y masa muscular sólo en los machos (chimpancés) o en machos y hembras (bonobos). Los chimpancés tienen dos pequeños "estirones", uno al final de la infancia y otro al final de la fase juvenil.

Nuestro desarrollo es bastante distinto. Al nacimiento sigue una infancia de 2-2,5 años. A continuación, una fase que no presentan los chimpancés, la niñez, caracterizada por un crecimiento lento y el uso de los dientes de leche para procesar el alimento. El niño depende de los adultos para proveerse de alimento y para su protección. No puede procesar alimentos de cierta consistencia o dureza, su dentadura de leche no se lo permite, además de tener un sistema digestivo inmaduro y muy corto, necesitando una dieta de fácil digestión y rica en calorías. Esta abundancia de calorías se relaciona con la alta velocidad de crecimiento del cerebro. Los niños utilizan entre el 40 y el 85 % del metaqbolismo basal en el mantenimiento de ese órgano (los adultos empleamos entre el 16 y el 25 %). Esta fase dura hasta los 7 años, siguiéndole una fase juvenil similar a la de los chimpancés, hasta los 10-13 años.

A continuación, se añade otra fase ausente en los chimpancés, la adolescencia, que se inicia con los primeros signos de la pubertad, tanto físicos como psicológicos, como la reafirmación de la personalidad y una progresiva independencia (no necesariamente divergencia)en el pensamiento, los gustos y las tendencias respecto de los padres. Hacia el final de la fase juvenil, el crecimiento alcanza su velocidad mínima. A partir de entonces, se acelera mucho y comienza el estirón puberal, que alcanza su velocidad máxima 2-2,5 años después del mínimo. Luego se produce una deceleración rápida, alcanzándose la estatura adulta a los 17-20 años.

Los dientes y el desarrollo

Harvey y Clutton-Brock relacionaron variables como la duración de la gestación, la edad de destete, la edad de madurez sexual de las hembras y la longevidad con la edad de erupción del primer molar en diversas especies, encontrando índices de correlación de 0,85, 0,93, 0,86 y 0,85 (el máximo, es decir, la correlación total, es 1) respectivamente, de lo que se deduce que el desarrollo de los dientes es un indicador muy fiable del desarrollo somático general.

Varios investigadores han probado que en los mamíferos hay una correlación muy alta entre las variables peso corporal y peso del cerebro, por un lado, y diferentes variables que definen el modelo de historia biológica de una especie, incluyendo las mencionadas en el párrafo anterior y otras como el número de crías por camada, el intervalo entre nacimientos sucesivos o la esperanza de vida al nacimiento. En los primates, la correlación entre la edad de erupción del primer molar y el peso del cerebro es tan alta como 0,98. Hay que tener en cuenta que los márgenes de variación en el desarrollo del cerebro son bastante menores que en el de otros órganos.

Todo esto indica una integración muy grande del proceso de desarrollo de los dientes en el desarrollo somático general. De ahí se deduce que si podemos conocer el desarrollo de los dientes fósiles, podemos obtener mucha información del ciclo vital de las especies a que pertenecen.

© Julio Loras Zaera
Profesor Francho de Fortanete

 
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