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Clonación es un neologismo que proviene del griego clon, retoño. Un clon es una población de individuos que proceden de uno solo, teniendo, salvo mutaciones, es decir, alteraciones en el DNA, exactamente los mismos genes que el fundador. El término empezó a usarse en microbiología, refiriéndose a las colonias de bacterias que aparecían en las placas de cultivo de los laboratorios. De ahí se extendió a toda la biología, porque es el resultado de la reproducción asexual, muy frecuente. Así, todos los seres formados por una sola célula se reproducen por división, siempre (la mayoría) o alternando con la reproducción sexual; todas las plantas se pueden reproducir a partir de un fragmento suyo, como saben las gentes del campo y los jardineros: el resultado es un clon; lo mismo pasa con algunos animales, como las esponjas, las estrellas de mar, las planarias o las lombrices de tierra; todos los seres pluricelulares, como nosotros, somos clones de células por divisiones sucesivas de un huevo o zigoto, y una pareja de gemelos monozigóticos (los que proceden de un solo zigoto) es un clon.

De modo que, entendiendo la clonación domo obtención de individuos genéticamente idénticos por reproducción asexual, los científicos no la han inventado. Lo que sí han inventado, porque parece que no se da sin nuestra intervención, es un método consistente en la obtención de un individuo genéticamente idéntico por trasplante del núcleo de una célula a un óvulo no fecundado cuyo núcleo ha sido previamente extraído o destruído. Esto se puede hacer con células de embrión o bien con células de tejidos adultos. Este último método es el que dio lugar a la famosa oveja Dolly.

En realidad, esta técnica, pese al revuelo reciente, tiene más de cuarenta años. En 1952, se inyectaron núcleos de células intestinales de renacuajo en óvulos de sapo, obteniéndose algunos renacuajos. En los años setenta, se hizo lo mismo con núcleos de células de la piel de sapos adultos. La intención era saber si en la diferenciación (especialización) celular que tiene lugar durante el desarrollo se perdía o no parte de la información hereditaria. En los años setenta se pretendía dilucidar si en esa diferenciación quedaban permanentemente bloqueados algunos genes. Los resultados probaron que ni se perdía información ni los genes quedaban bloqueados permanentemente. Cualquier persona mínimamente informada podía prever, a la vista de estos experimentos, que esta técnica sería aplicable con el tiempo a los mamíferos y, por lo tanto, al ser humano, porque no hay ninguna diferencia abismal entre los distintos grupos de vertebrados. Si la técnica se había aplicado a anfibios y no a mamíferos era, básicamente, por tres motivos: los óvulos de anfibio son grandes y la posición de su núcleo facilita su extracción o destrucción; la activación de los huevos de anfibio es sencilla; y no existían todavía las técnicas de reproducción asistida. Estas dificultades se han ido salvando en las últimas décadas. La "revolución", pues, es muy anterior a Dolly.

Por otra parte, si se quiere ser riguroso, ni lo que se hizo en 1952 y en los años setenta, ni lo que hizo en 1997 el equipo de Wilmut son verdaderas clonaciones. Hay que recordar aquí que también hay material hereditario fuera del núcleo, en las mitocondrias y que éstas no se trasplantan sino que son proporcionadas por el óvulo receptor. Estrictamente hablando, sólo se puede hablar de clonación cuando la donante del núcleo y la del óvulo son la misma. Aunque el ADN de las mitocondrias es una fracción mínima del ADN nuclear, también interviene en la determinación del fenotipo del individuo.

Párrafos extraídos del libro
"A LA LUZ DE LA CIENCIA, BIOLOGÍA Y ASUNTOS HUMANOS"

© Julio Loras Zaera
Profesor Francho de Fortanete

 
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