En 1972, un artículo de los paleontólogos Niles Eldredge y Stephen Jay Gould a partir del estudio del primero sobre los trilobites de un acantilado levantó una polémica que aún dura, interrumpiendo más de treinta años de consenso de los evolucionistas en torno a un modelo gradual de la evolución, según el cual las especies se van transformando continuamente hasta transformarse en otras nuevas, en procesos que duran millones de años.

Los hallazgos de Eldredge mostraban que las especies de trilobites de su acantilado, que representaba sedimentos de muchos millones de años, prácticamente no se transformaban desde su aparición hasta su desaparición, siendo sustituidas bruscamente por otras bastante distintas. Basándose en la teoría de la formación de nuevas especies de uno de los artífices del consenso cuestionado, el eminente taxonomista Ernst Mayr, según la cual una nueva especie se forma al quedar aislada una pequeña población de una especie antigua en un proceso en el que juegan su papel reorganizaciones cromosómicas, la deriva genética (la fijación al azar por el muestreo de genes raros en la especie ancestral) y procesos de intensificación de la selección (al darse el aislamiento en ambientes marginales), en diversas combinaciones y según los casos, Eldredge y Gould proponían una teoría evolutiva: el equilibrio interrumpido (punctuated equilibria, que muchos –mal- traducen como equilibrios puntuados). Afirma esta teoría que en la mayor parte de los casos las especies prácticamente no cambian durante su existencia y que la mayor parte del cambio evolutivo tiene lugar cuando se producen las ramificaciones de nuevas especies. Dada la teoría de la especiación de Mayr, lo esperable es lo que Eldredge encontró: que las nuevas especies aparecen bruscamente a escala geológica (miles o decenas de miles de años frente a millones), sin que puedan conservarse fósiles intermedios.

Aunque Mayr, un científico muy abierto y, tal vez, halagado porque se hacía caso de una teoría suya que la corriente principal del darwinismo no tenía en mucha consideración, escuchó a los dos perturbadores y hoy, en un cuadro sobre la evolución del darwinismo de uno de sus libros, presenta el equilibrio interrumpido como una de las modificaciones que ha sufrido, la mayoría reaccionó furiosamente, defendiendo en dura polémica que aún sigue levantando pasiones el gradualismo tradicional. Incluso Mayr aún defiende el gradualismo diciendo que la transformación es siempre muy lenta, aunque se acelere en los períodos de especiación.

Los interrupcionistas, que cada vez son más, sobre todo entre los paleontólogos, no aceptan esos paños calientes y argumentan que un cambio de una especie a otra en unos miles o en unas pocas decenas de miles es un instante a la escala geológica, tan instantáneo que los sedimentos no pueden registrarlo como sí registran los millones de años de estabilidad.

Y ¿qué pruebas aportan los interrupcionistas? Cada vez más. Veamos una ínfima muestra de ellas.

George G. Simpson, el único paleontólogo que participó en la creación del consenso evolutivo en los años 30 y 40, decía en 1951 sobre el linaje de los caballos que la separación entre los géneros Mesohippus y Miohippus era arbitraria y que ambos géneros se sucedían en el registro fósil sin solución de continuidad. Pero en tiempos de Simpson no se conocían los rasgos del pie de esos géneros. Prothero y Shubin pudieron observar, décadas más tarde esos rasgos y vieron que distinguían claramente un género del otro, con lo que no se pasaba gradualmente de uno a otro. Concluyeron también de su estudio que Miohippus descendía de un linaje de Mesohippus que coexistió con él durante 4 millones de años, que cada género se podía representar por un arbusto, con tres especies el primero y dos el segundo y que las especies de esos arbustos y que las especies de esos arbustos tienden a surgir bruscamente y a mantenerse casi sin cambios durante millones de años.

Tim Heaton estudió un género común de roedores de varios sedimentos del Oligoceno americano, Ischyromis. El Oligoceno se divide en tres "edades de los mamíferos": Cadroniense, Orellense y Whitneyense. Observó que el género era raro en el Cadroniense pero muy abundante en el Orellense, en el que encontró millares de mandíbulas que fotografió y estudió estadísticamente. La interpretación tradicional afirmaba que se observaba una tendencia constante al aumento de tamaño. Heaton acabó con esta interpretación concluyendo de sus análisis estadísticos que había dos especies, una grande y otra pequeña y que la tendencia al aumento de tamaño era un artefacto debido a la extinción gradual de la especie pequeña.

El estudio de Prothero sobre los fósiles de mamíferos de las Big Badlands revela que ninguna cambia de forma gradual y que las nuevas ingresan de forma abrupta. Y los últimos hallazgos de Australopithecus afarensis, uno de nuestros antepasados revela con certeza que esta especie no cambió nada entre 3,4 y 3,0 millones de años atrás, y con menor seguridad (se trata sólo de un trozo de frontal) tampoco lo hizo entre 3,9 y 3,4 millones de años atrás, apareciendo las especies sucesoras bruscamente en un corto período de radiación adaptativa.

Este tipo de pruebas muestra que la estabilidad es lo normal en las especies. Pero hay otro tipo de pruebas que muestra que el cambio evolutivo tiene lugar durante la especiación o formación de nuevas especies. Una de estas pruebas es la que contrasta las predicciones del modelo gradualista y del modelo interrumpido. Es la llamada de los fósiles vivientes, aunque no se refiere sólo a éstos, sino a todos los linajes con pocas ramas. El modelo gradualista predice que estos linajes, como todos, experimentarán transformaciones transformaciones graduales a ritmos similares a los de los otros linajes. El modelo interrumpido, por su parte, predice que, dado que la mayor parte del cambio tiene lugar en los episodios de especiación, estos linajes prácticamente no se transformarán. Pondré dos ejemplos de esta prueba, pero todos los que se han estudiado llevan a la misma conclusión.

Un ejemplo es la familia Amiidae, unos peces grandes de agua dulce de Norteamérica. Nunca han tenido más de dos especies. En la última parte del Cretácico se hicieron algo más alargados. En los 65 millones de años siguientes no han cambiado prácticamente nada.

El otro es el de los peces pulmonados, peces que pueden salir del agua y desplazarse por tierra, gracias a poseer pulmones. Al principio de su historia hubo una ramificación rápida con rápida evolución. Desde hace 300 millones de años ha habido muy pocos linajes que han evolucionado insignificantemente.

Este tipo de prueba va fuertemente a favor de la teoría del equilibrio interrumpido y en contra del gradualismo clásico.

Otra prueba la constituyen las llamadas radiaciones adaptativas, procesos en los cuales unas pocas especies dan lugar rápidamente a muchas e incluso a géneros y familias nuevos. En las radiaciones adaptativas se concentran los mayores cambios evolutivos.

En cuanto a la aparición rápida de nuevas especies, las pruebas no son sólo paleontológicas. Pondré tres ejemplos.

El primero se refiere a las especies de peces cíclidos del lago Nabugabo, una pequeña masa de agua junto al Victoria. Hay en él cinco especies endémicas, que ni siquiera se encuentran en el lago Victoria, y que tienen sus especies ancestrales en éste. El límite superior para la formación de estas nuevas especies es de 4000 años, la edad del lago Nabugabo, que se formó por una barra de arena que cerró una bahía del lago más grande.

El segundo viene de Hawai. Se trata de las mariposas del género Hedilepta. Las hay que sólo se alimentan de plátanos, introducidos hace solamente mil años. Cada especie está restringida a los bosques de montaña de una o dos islas, lo que también abona su origen muy reciente.

El tercero viene del Valle de la Muerte. Hay allí varias especies de gambusias endémicas. Una de ellas es Cyprinodon milleri, descubierto en 1967. Sólo vive en el pantano de Cottonball, originado hace pocos millares de años. Es muy distinto de otras especies del género y pudo originarse de una población de Cyprinodon salinus, que vive en aguas cercanas.

Y los interrupcionistas siguen aportando pruebas constantemente. De manera que hoy ya no se discute la validez del equilibrio interrumpido, sino su frecuencia relativa. Los interrupcionistas afirman que es muy superior la del equilibrio interrumpido. Los gradualistas, al revés. Pero la impresión que tengo es que los gradualistas se agarran más a evidencias negativas del interrupcionismo que a evidencias a su propio favor.

© Julio Loras Zaera
Profesor Francho de Fortanete


Julio Loras Zaera
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