Julio Loras Zaera

fortanete

Profesor Francho de Fortanete A la luz de la ciencia. Biología y asuntos humanos

El genetista italiano afincado en los EE. UU., Luigi Luca Cavalli-Sforza, director de un proyecto complementario al Proyecto Genoma Humano que busca conocer la diversidad genética de nuestra especie, lleva ente manos desde los años setenta una investigación sobre nuestra especie desde su aparición hace entre 100.000 y 200.000 años. En esta investigación utiliza los métodos de su especialidad, pero también los de la arqueología y los de la lingüística.

Su estudio se centra en la investigación de las expansiones humanas, y abarca todo el globo, pero aquí hablaré principalmente de sus conclusiones respecto a Europa. El estudio de las distancias genéticas calculadas mediante las diferencias en las frecuencias génicas entre poblaciones (referidas a pseudogenes, a genes neutros selectivamente o a genes afectados por la selección de un modo aleatorio, como los de las inmunoglobulinas o los del sistema mayor de histocompatibilidad, para evitar hacer una historia de los ambientes en vez de una historia de los pueblos) revela que la menor distancia se da entre las poblaciones americanas y asiáticas. Que la menor media de las distancias entre las poblaciones de América-Asia y las de los otros continentes es la que se da entre estos dos primeros y Europa. La siguiente media menor es entre América-Asia-Europa y Oceanía. Y finalmente nos queda África, donde todo indica que nació nuestra especie. Eso nos da un árbol con dos ramas mayores, una constituída por las poblaciones africanas y otra por todas las demás. La siguiente ramificación es entre las poblaciones de Oceanía y las de los demás continentes, excepto África. La rama de los demás continentes, excepto África, se bifurca entre las poblaciones europeas y las de Asia y América. Finalmente, la bifurcación más reciente es entre las poblaciones americanas y las asiáticas.

La arqueología y la paleoantropología dan una confirmación independiente de este árbol. Hay pocas dudas de que nuestra especie se originó en África. Hace 100.000 años ya se encontraba en Oriente Próximo. Se han encontrado neandertales en esa zona de hace 60.000 años, habiendo desaparecido por entonces nuestra especie de ella, lo que indicaría el fracaso de una primera colonización. En el período que va de los 100.000 a los 60.000-70.000 años atrás, los sapiens empezaron a desarrollar técnicas nuevas de fabricación de herramientas de piedra y de hueso, marfil, etc. y posiblemente de navegación. Entonces empezaron a pasar a Asia para ya no desaparecer de allí. Por la costa de Arabia y la de la India llegarían al sudeste asiático. A partir de allí surgirían dos rutas de migración, hacia el sur, a Nueva Guinea y Australia, y hacia el norte, a China, Japón y, por último, Beringia y América. La entrada en Europa, seguramente desde Asia occidental, se produjo hace 40.000 años, antes de la extinción de los neandertales. Hay evidencias de sapiens en China de hace 67.000 años. En Australia hay fósiles de nuestra especie de hace 35.000-37.000 años, pero otras fechas calculadas más recientemente mediante termoluminiscencia en objetos de fabricación humana señalan entre 50.000 y 60.000 años atrás. La entrada en América, los científicos divergen, desde 15.000 años hasta 30.000 o incluso 50.000.

Cavalli-Sforza, para responder a esta última discrepancia, divide las distancias genéticas entre la primera fecha de ocupación. En el caso de África-Asia obtiene una proporción de 2,06, en el de Asia-Australia de 1,84, en el de Asia-Europa de 2,26 y en el de Asia-América de 5,93-1,78. Las tres primeras distancias genéticas corresponden al doble de la fecha de ocupación. Las de América discrepan mucho de esa proporción. De acuerdo con la proporción 2,05 de los tres primeros valores, la fecha de entrada en América se puede calcular en 43.000 años. Probablemente, la distancia entre los americanos y los asiáticos esté sobrevalorada, porque se partió de todos los asiáticos y no sólo de los del este. Si se toma en consideración esto, se obtiene una fecha de entrada de 32.000 años.

El análisis de los datos arqueológicos ha demostrado que la agricultura se difundió muy lentamente por Europa, acompañándose de un aumento considerable de la densidad de población. Las difusiones culturales, en cambio, suelen ser rápidas y pocas veces tienen efectos demográficos. La lentitud de la extensión de la agricultura en Europa habla a favor de lo que Cavalli-Sforza llama difusión démica, difusión mediante el desplazamiento de gente.

Una teoría debida al genetista R.A. Fisher vincula fuertemente la velocidad radial de difusión de una innovación desde su centro de producción a la velocidad de crecimiento de la población y a la velocidad de migración. Se ha calculado la velocidad de difusión de la agricultura en Europa en un 1 km/año, un poco más a lo largo de las costas y de los ríos (transporte en barca) y un poco menos al entrar en medios nuevos que requieren adaptación de los cultivos o cuando hay barreras físicas. Las velocidades de reproducción encontradas en algunas poblaciones y las velocidades de migración que pueden alcanzar los agricultores primitivos hacen compatible esa velocidad de difusión con una difusión démica.

Cavalli-Sforza abordó esta cuestión con métodos genéticos, estudiando la variación en una buena cantidad de genes, y elaborando mapas de los gradientes de sus frecuencias después de someter sus datos al método estadístico conocido como análisis de las componentes principales. El objetivo de este método es obtener sucesivamente componentes que influyen cada vez menos en la variación estudiada. El mapa de la primera componente que obtuvo reproducía con mucha fidelidad las fechas de llegada de la agricultura a las diversas zonas calculadas con radiocarbono. Los gradientes de ese mapa reflejan la mezcla progresiva de los genes de las poblaciones agrícolas migrantes y de las locales preagrícolas.

El mapa de la segunda componente muestra una variación de norte a sur, relacionada con el clima, pero también con la distribución de las lenguas. Las lenguas que se hablan en la mayor parte del nordeste europeo forman parte de la familia urálica y son muy distintas de las indoeuropeas que se hablan en el resto. Están muy difundidas sobre todo al este de los Urales, pero también al oeste. Europa fue ocupada sobre todo desde el sudeste por poblaciones acostumbradas a un clima más cálido. La segunda componente, ¿es el resultado de una adaptación al frío o representa más bien un grupo de lenguas llevadas a Europa desde el norte por poblaciones procedentes de Siberia occidental a través de los Urales? Probablemente las dos cosas. Los lapones son genéticamente europeos, pero son los que tienen frecuencias más distintas de las de los demás europeos, lo que puede indicar su parcial origen transurálico. Su parecido genético con los europeos sugiere que empezaron siendo urálicos, y se mezclaron mucho con los europeos del norte. Las otras poblaciones que hablan lenguas urálicas en el norte de Europa no tienen casi ninguna huella genética de origen urálico, aunque los fineses, y aún más los húngaros muestran una huella borrosa (cerca del 12 % de genes uránicos en los húngaros). Se advierte en el mapa de la segunda componente una joroba en las curvas isotónicas procedentes del norte que tiende a incluir Hungría y a asimilarla ligeramente a los uránicos del norte.

El mapa de la tercera componente muestra una expansión a partir de la Europa centro-oriental, concretamente desde una región al norte del Caúcaso, en el Mar Negro y el mar Caspio, que hace mucho tiempo que fue señalada por el arqueólogo Gimbutas como área de origen de las poblaciones que hablan lenguas indoeuropeas. Otro arqueólogo, Renfrew, planteó una hipótesis distinta sobre el área de origen de las lenguas indoeuropeas, considerando que debía ser Anatolia. Gimbutas, indagando sobre la Edad del Broce en Europa central, vinculó el origen de las lenguas indoeuropeas a la cultura de los kurganes, tumbas donde se han encontrado abundantes esculturas de metales preciosos, armas de bronce, esqueletos de guerreros y de caballos, etc. la región donde se encuentran forma parte de la estepa euroasiática que se extiende desde Rusia hasta Manchuria. Allí los caballos eran comunes y recientemente se ha revelado que probablemente fueron domesticados y se construyeron carros y armas de bronce hace 5.500 años. Renfrew basa su hipótesis en el hecho de que los agricultores se habrían difundido por una región casi deshabitada, donde sólo vivían unos pocos cazadores-recolectores, por lo que necesariamente habrían sido portadores de su lengua protoindoeuropea original. Ambas hipótesis podrían no excluirse mutuamente. La civilización de los kurganes era de pastores nómadas que habían desarrollado la cría de caballos en la estepa, ya que la agricultura era poco productiva. Pero esos pastores nómadas tenían que haber sido antes agricultores de Oriente Próximo o de Anatolia que probablemente llegaron a la estepa pasando por Macedonia y Rumania. Es posible que los habitantes de Anatolia, al principio del movimiento de la agricultura, hablaran una lengua protoindoeuropea y que los pastores nómadas descendientes de ellos hablaran dos antiguas lenguas indoeuropeas derivadas de las anatólicas, pero que sin duda habían cambiado en los milenios transcurridos antes de emprender nuevas expansiones.

La cuarta componente principal revela una expansión a partir de Grecia, hacia el sur de Italia y hacia Turquía y Macedonia. Y el quinto muestra un polo que se identifica fácilmente con el País Vasco. Hoy, la lengua y la sociedad vascas se encuentran en el extremo occidental de los Pirineos. Pero las informaciones históricas de la época romana, la toponimia (nombres de lugares) y la genética nos dicen que se hablaba vasco en una región mucho más extensa que el País Vasco. A Cavalli-Sforza le parece muy verosímil la hipótesis de que la lengua vasca desciende de las lenguas habladas en la primera ocupación de Francia suroccidental y España noroccidental por los hombres de Cro-Magnon (hace 35.000 ó 40.000 años) y que los grandes artistas de las cuevas de la región hablaban una lengua derivada de los primeros sapiens europeos, de la que desciende el moderno euskera.

Para resumir, los trabajos de Cavalli-Sforza respecto a la historia de los pueblos de Europa revelan una expansión que marcó profundamente la genética del continente, expansión que se originó en Oriente Próximo con la invención de la agricultura y la domesticación de animales. Una llegada de gentes procedentes del este de los Urales combinada con la adaptación al frío de gentes procedentes de más al sur. Otra expansión, originada al norte del Cáucaso, probablemente precedida de la llegada allí de gentes de Anatolia, responsable de que hoy la mayoría de los europeos hablemos lenguas indoeuropeas. La expansión de los griegos iniciada hace cosa de .500 años. Y un poblamiento antiguo del cual la huella genética (y lingüística) actual son los vascos.

De esto último se han ocupado recientemente prehistoriadores, lingüistas y genetistas distintos de Cavalli-Sforza. Empezando por los prehistoriadores y los lingüistas, E. Hamel y T. Venneman publican un artículo en el número de enero de 2003 de "Investigación y ciencia" sobre su investigación con los topónimos europeos.

Los autores nos hacen notar que en la Europa transalpina y en Francia hay muchos topónimos relacionados con el agua con unas pocas raíces léxicas comunes: al-/alm-, var-/ver-, sal-/salm-, is-/eis-, ur-/aur-, eber-. Y que en España, muchos torrentes y ríos tienen los mismos componentes léxicos. Pero los indoeuropeos, que llegaron a la Europa transalpina hace 7.000 años, no llegaron a la Península hasta el primer milenio a. C. Y que en la lengua vasca se hallan los componentes léxicos característicos (is, ur e ibar) que se ocultan en muchos nombres hidrográficos europeos. Los tres comparten un significado relacionado con el agua o su curso natural. Además, casi la mitad de los nombres véteroalemanes asociados al agua empieza por vocal, siendo la más frecuente la a (en las formas más antiguas del término), abundando asimismo la i y la u. En cambio, en el indoeuropeo antiguo escaseaban las palabras empezadas en vocal y menudeaban la e y la o, ocurriendo al revés en vasco, con un alto número de palabras que empiezan por a y muchas por i y u.

En cuanto a los nombres de asentamientos y poblaciones, se suponía hasta ahora que eran recientes, incluso de época histórica. Pero, también aquí, los autores encontraron una relación con partículas léxicas o palabras vascas.

Además, nos hablan de la forma de contar. Mientras que el sistema indoeuropeo era decimal, los vascos de nuestros días cuentan en base veinte. Los celtas, indoeuropeos, habrían tomado el sistema vascón, que de ellos pasaría al francés antiguo, conservándose hasta 360 y del cual aún perduran reliquias (quatre-vingts, quatre-vingt-dix).

Los autores proponen la hipótesis de que, en la última glaciación, cuyo apogeo tuvo lugar hace 20.000 años, los humanos europeos se habrían refugiado en dos áreas: Ucrania y el sudoeste europeo. En esta segunda área nacería una lengua, el vascón, que sus hablantes llevarían consigo hace entre 10.000 y 15.000 años en su repoblación de Europa tras la glaciación.

En el mismo número de la revista citada hay un artículo de dos genetistas, E. Hamel y P. Forster que han abordado la misma cuestión con sus propios métodos, estudiando el ADN mitocondrial de más de 10.000 europeos. Las mitocondrias son orgánulos celulares que tienen su propio ADN, 200.000 veces más corto que el nuclear, y que se reproducen autónomamente respecto al núcleo. Los espermatozoides sólo proporcionan su ADN nuclear a la célula huevo, mientras que el resto, ADN nuclear y orgánulos celulares, proceden del óvulo. De manera que la herencia mitocondrial es siempre por línea materna. De modo que los resultados se refieren a las filiaciones genéticas maternas.

Han llegado a la conclusión de que, al menos, tres cuartos de los europeos actuales procede, por vía matrilineal, directamente de los europeos prehistóricos que vinieron, antes del apogeo de la última glaciación, del Próximo Oriente. Presumiblemente, los europeos sólo pudieron sobrevivir al frío glacial refugiándose en las zonas de clima más benigno, las que he citado antes. Que una parte considerable de los grupos que volvieron a poblar el oeste y el norte del continente después de la glaciación (sus datos dan una fecha entre 10.000 y 15.000 años) procedían del sudoeste de Europa, puesto que los vascos y el resto de los europeos se diferencian genéticamente sólo en un 25 %. Esto significa, contra lo que nos dice Cavalli-Sforza, que los grupos que inmigraron en el Neolítico aportaron relativamente poco a la población europea.

Se fijan sobre todo en dos de los tipos genéticos básicos del genoma mitocondrial estudiado, denominados tipo H y tipo V. Alrededor del 40 % de los europeos presenta este tipo, que ya se hallaba presente en Europa durante la glaciación. El tipo V apunta a la expansión de las comunidades desde el refugio del Pirineo occidental.

© Julio Loras Zaera
Profesor Francho de Fortanete

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