Julio Loras Zaera

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Profesor Francho de Fortanete A la luz de la ciencia. Biología y asuntos humanos

Fue muy tardío. No llegó hasta las décadas de los años 30 y 40 del siglo pasado. Ya hemos visto a qué fuertes teorías sobre el mecanismo evolutivo tuvo que enfrentarse y cómo éstas fueron siendo refutadas más tarde que pronto.

A partir de 1930, los genetistas se dieron cuenta de que las variaciones cuantitativas (tales como la talla o el peso), que son las más frecuentes, podían deberse a mutaciones o alteraciones en genes de efectos pequeños y acumulativos y no sólo al ambiente. Así nació la genética cuantitativa, que tantos frutos ha dado en la cría de animales y plantas.

Una rama de esa genética cuantitativa especialmente importante para el darwinismo es la genética de poblaciones, que estudia las modificaciones en las frecuencias de diversas formas de los mismos genes a lo largo de varias generaciones por influencia de diversos procesos: mutación, migración, selección y deriva genética (el cambio en las frecuencias génicas debido a muestras pequeñas de gametos que contribuyen a la generación siguiente). Los genetistas de poblaciones, con los fundadores, Fisher, Haldane y Sewall Wright a la cabeza definieron la evolución como el cambio en las frecuencias génicas. Sus trabajos con modelos matemáticos mostraban que cambios fundamentales eran posibles a base de estos procesos, considerando como más importante la selección y como residual la deriva genética.

Los genetistas, además, aportaron al darwinismo lo que le había faltado a Darwin: la explicación del origen de la variación por alteraciones en los genes o en los cromosomas que los contienen. Y demostraron que había mucha variación oculta en las poblaciones, en forma de genes recesivos, es decir, genes que no tienen efectos fenotípicos cuando están en presencia de otra forma del mismo gen (procedente del otro progenitor) que es dominante, es decir que tiene efecto en dosis única.

El otro grupo promotor del nuevo consenso fue el de los naturalistas y taxonomistas que comprendían la genética (algunos de ellos, de hecho, se convirtieron en genetistas), como Dobzhansky y Mayr.

Éstos advirtieron que, pese a su título, El origen de las especies no hablaba para nada de ello, sino sólo de la transformación de las poblaciones a lo largo de las generaciones. Y se dedicaron a estudiar la especiación, es decir la división de una especie en varias. Para que se produjera esa división, probaron que era necesario el aislamiento de varias poblaciones, geográfico (por barreras como ríos, mares, cadenas montañosas, etc.) o de otros tipos (como el conductual: por ejemplo, que una población fuese activa de día y la otra de noche). Las poblaciones así separadas se verían sometidas a presiones de selección distintas, divergiendo cada vez más y llegando con el tiempo al aislamiento reproductivo, de forma que cuando desapareciesen las barreras, ya no podrían cruzarse. Mayr, además, proponía que lo más frecuente era el aislamiento de poblaciones muy pequeñas, con lo que intervendrían procesos como la deriva genética y reorganizaciones cromosómicas al azar que las aislarían reproductivamente de forma muy rápida. Hoy, la especiación geográfica no se discute. En cuanto a las otras, las cosas no están claras: hay quien considera que tienen lugar y quien no.

Entre los genetistas y los naturalistas se creó, pues, un amplísimo consenso en torno al darwinismo, con las teorías rivales relegadas a unos pocos excéntricos, en su mayoría franceses, que aún hablan de lamarckismo y de ortogénesis.

La guinda del pastel la puso, casi por su cuenta exclusiva, el paleontólogo George G. Simpson, que se esforzó por encontrar en el registro fósil casos de cambio constante y gradual, como le gustaba a Darwin. Digo que actuó casi exclusivamente por su cuenta, porque los demás paleontólogos, que encontraban muy pocos casos de ese tipo de cambio, aceptaron el consenso pasivamente. Con ello, los paleontólogos, hasta entonces en vanguardia de la teoría evolutiva, se convirtieron en meros coleccionistas de sellos que no se atrevían a elaborar teorías generales. Esto no cambió hasta los años setenta, en que, como he contado en otro artículo, un par de ellos lanzaron la teoría del equilibrio interrumpido, basándose en sus observaciones y las de otros muchos paleontólogos y en la teoría de la especiación basada en poblaciones reducidas de Ernst Mayr.

© Julio Loras Zaera
Profesor Francho de Fortanete

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