Julio Loras Zaera

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Profesor Francho de Fortanete A la luz de la ciencia. Biología y asuntos humanos

Hace bastantes meses, mi abuela, que tiene 95 años, se hizo una revisión médica. Se lo encontraron todo bien, excepto la presencia de un tumor duro de unos 6 cm en el hígado. Hace poco, volvió a someterse a otra revisión para descartar cualquier posibilidad de que fuese canceroso y para alivio de toda la familia resultó ser un quiste hidatídico, cosa que ya sospechaba mi tía. ¿Qué por qué lo sospechaba? Fácil: porque los quistes hidatídicos son relativamente frecuentes entre los pastores y mi abuelo lo había sido.

Este acontecimiento me picó la curiosidad y me lancé a la biblioteca a consultar un libro de Parasitología. Dado que puede interesar a los seguidores del profesor Francho, expongo aquí lo que logré encontrar.

El quiste hidatídico, que puede producirse en muy diversos órganos, como el hígado, el pulmón, el riñón o el cerebro, es una vesícula rodeada por una cápsula dura debida a la reacción del tejido del hospedador, en cuya superficie interna se originan por división asexual cápsulas germinativas de Echinococcus granulosus, cápsulas que a menudo se desprenden y quedan libres en la cavidad del quiste. De esas cápsulas surgen "cabezas" o escólices (en singular escólex) provistas de cuatro ventosas y un "morro" o rostelo con dos filas de garfios que lo rodean. El quiste puede crecer hasta el tamaño de una naranja o más, pudiendo llegar a los dos litros y estar lleno de hasta dos millones de escólices.

Echinococcus granulosus es un gusano plano de la familia de la tenia o solitaria. El escólex ya lo he descrito y está seguido por tres segmentos: el primero inmaduro, el segundo con genitales masculinos y femeninos (es hermafrodita) funcionales y el tercero transformado en un saco de huevos que sólo pueden salir del cuerpo por desgarradura de la cutícula, ya que no hay ningún orificio uterino. Puede haber de centenares a miles de estos gusanos en el interior del tubo digestivo del perro, su hospedador definitivo, donde se alimenta, como las tenias, absorbiendo los alimentos digeridos por el animal. Los huevos, de 30 micrómetros de diámetro, pasan a los hospedadores intermediarios (cerdos, ovejas, vacas, caballos, conejos…, seres humanos) por el agua o los alimentos contaminados.

En estos hospedadores, el huevo sigue un muy lento desarrollo hasta convertirse en quiste hidatídico, donde se reproduce asexualmente por división, como hemos visto. Del hospedador intermediario vuelve al perro, en cuyo tubo digestivo se volverá adulto para iniciar un nuevo ciclo.

¿Por qué éste y otros parásitos han evolucionado complicando su ciclo biológico con hospedadores intermediarios? La respuesta más convincente es que así garantizan mejor su dispersión y encontrar el huésped apropiado. Si Echinococcus tuviera el perro como único huésped y, dado que los perros no suelen comer heces ni hierba, ¿cómo podría llegar de un perro a otro si no fuera por hospedadores intermediarios como ovejas y conejos?

Quiste hidatídico

La estancia de parásitos en hospedadores intermediarios puede ser de tres tipos:

  1. El parásito no se reproduce ni experimenta transformación apreciable en el intermediario, aunque alguna transformación debe experimentar, cuando es necesario el paso por el hospedador intermediario para que se forme el adulto en el definitivo. Hay muy pocos casos, aunque hay algunos.

  2. El parásito sufre grandes transformaciones, pero sin ningún tipo de reproducción en el intermediario. Hay numerosos ejemplos, entre ellos el de las tenias.

  3. El parásito no sólo sufre transformaciones importantes, sino que se reproduce asexual o partenogenéticamente (reproducción sexual con intervención de un solo sexo). Éste es el caso de Echinococcus granulosus, el causante de los quistes hidatídicos.

El quiste hidatídico no produce inconvenientes apreciables al hospedador, a no ser que llegue a ser muy grande, cosa que necesita mucho tiempo (a mi abuela ha tardado más de sesenta años a hacérsele de seis centímetros), o se aloje en el cerebro. De ahí nuestra tranquilidad

© Julio Loras Zaera
Profesor Francho de Fortanete

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