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Que los animales enjaulados en las pajarerías, los que oímos por las mañanas en los parques y jardines y aquellos cuyos huevos comemos son dinosaurios no es ninguna novedad científica. Ni tampoco constituyó ninguna revolución la afirmación por Ostrom, en los años setenta, de que lo son. Al fin y al cabo, lo que hicieron él y quienes les siguieron fue concretar más la relación entre dinosaurios y aves, que desde Huxley se consideraban ya parientes muy cercanos. Pero puede interesar a los seguidores del profesor Francho.

Hay una serie de caracteres que separan las aves de todos los demás vertebrados vivos: las plumas, el pico sin dientes, los huesos huecos, el pie prensil, la fúrcula (que los americanos aficionados a comer en restaurantes de comida rápida llaman el hueso del deseo), el esternón vigoroso.

Pero Ostrom, el rehabilitador de los dinosaurios como seres vivaces y enérgicos, comparando Archaeopterix, el ave más antigua conocida con Deinonichus, un dinosaurio terópodo del tamaño de un adolescente humano y con garras falcifores que vivió hace 115 millones de años, y con otros reptiles identificó una gran cantidad de caracteres compartida por el ave y por el terópodo, pero no por otros reptiles. Por aquella época, en los museos de Historia Natural de Nueva York, París y otras ciudades, se estaba abriendo camino un nuevo método, que Ostrom no utilizó, para establecer el parentesco de las especies, la cladística.

Los métodos tradicionales se limitaban a establecer semejanzas y diferencias, pudiendo dejar fuera a una especie por presentar una peculiaridad que no presentara el resto. La cladística agrupa los organismos a partir de los caracteres derivados compartidos, sin tener en cuenta los caracteres primitivos compartidos. Por poner un ejemplo bastante burdo y caricaturesco, al comparar la oveja, el lagarto y el ser humano hay que tener en cuenta el carácter de la posesión de pelo, un carácter derivado, no la de cinco dedos, un carácter primitivo. En el primer caso, situaríamos al lagarto y al ser humano en una misma rama y a la oveja en otra. En el segundo caso, situaríamos a la oveja y al ser humano en la misma rama y al lagarto en otra. La posesión de cinco dedos no es relevante por ser un carácter procedente de un antepasado de los tres, carácter perdido por el antecesor de la oveja y conservado por el del ser humano. La de pelo sí lo es, por haber sido una novedad aportada por un antepasado que lo es de la oveja y del humano posterior a la bifurcación entre los reptiles y los mamíferos.

Los cladistas parten del principio darwiniano de que la evolución opera cuando aparece un carácter heredable en algún organismo, que lo transmite a sus descendientes. Dos grupos que compartan un conjunto de caracteres derivados estarán más emparentados entre sí que con los grupos que sólo muestran los caracteres originales o primitivos, pero no los derivados. Sus análisis abarcan muchos caracteres, dando como resultado un cladograma que muestra el orden en que evolucionaron los nuevos caracteres y los nuevos organismos. Cada nodo del cladograma, o árbol, refleja la aparición de un fundador, con caracteres derivados no compartidos con los grupos que le precedieron. El fundador y todos sus descendientes constituyen un clado.

En los años ochenta, Gauthier analizó las aves, los dinosaurios y sus parientes reptiles, utilizando los datos de Ostrom y otros muchos, confirmando la conclusión del primero. Demostró que muchos caracteres que se consideraban avianos aparecieron antes en dinosaurios terópodos. Algunos, incluso, estaban presentes en dinosaurios anteriores, como el bipedismo, la postura erecta, el pequeño tamaño, las manos con libertad para agarrar (aunque con cinco dedos), el segundo dedo más largo, en vez del tercero como en otros reptiles, la articulación del talón de tipo bisagra y los huesos del pie elongados y que no tocaban al suelo.

Los primeros terópodos tenían huesos neumatizados y cavidades en el cráneo, cuello largo, espalda horizontal, quinto dedo de la extremidad anterior casi desaparecido, quedando el cuarto reducido a una protuberancia. Estos dedos reducidos faltaban después en el grupo de los tetanuros, fusionándose los otros tres después de la aparición de Archaeopterix.

Las patas de los primeros terópodos presentaban cierta semejanza con las de las aves: extremidades largas con muslo más corto que la pierna, fíbula (el hueso equivalente a nuestro peroné) reducida, caminaban sobre los tres dedos centrales, como las aves. El quinto dedo era muy corto y delgado, sin articulación, el primero con un metatarsal corto proyectado desde el lateral del segundo dedo, el primer dedo más alto y sin función aparente. Cuando surgió Archaeopterix, este dedo había sufrido rotación hacia atrás, descendiendo a una posición oponible en las aves posteriores.

Los brazos de los terópodos se fueron alargando, salvo en Carnotaurus, Allosaurus y Tyrannosaurus, terópodos de gran tamaño con brazos muy reducidos. En los terópodos primitivos el brazo era la mitad de la pierna. Archaeopterix tenía el brazo más largo que la pierna y creció más en las aves posteriores. La mano se alargó y fue aumentando en proporción respecto al brazo. Los terópodos más antiguos tenían un carpal distal (hueso de la muñeca) plano que se superponía a la base del primer y segundo huesos de la palma. En los manirraptores dibujaba, en la superficie de contacto con los huesos del brazo, una media luna, como en las aves.

La escápula de los primeros terópodos era larga y delgada, siendo redondeado el coracoides (la escápula y el coracoides forman la articulación del hombro). Tenían dos clavículas separadas en forma de S que conectaban el hombro con el esternón. Pronto la escápula se hizo más larga y delgada, lo mismo que el coracoides, extendiéndose hacia el esternón. Las clavículas se fusionaron en su línea media y se ensancharon formado la fúrcula. El esternón, inicialmente cartilaginoso, se calcificó en los tetanuros en dos placas óseas fusionadas.

Además, se han encontrado en China varias especies de terópodos fósiles con diversos grados de presencia de plumas, desde rudimentarios filamentos hasta plumas con raquis y barbas como las de las aves. Y se han encontrado fósiles de Oviraptor a los que sorprendió la muerte sobre sus huevos, en el nido.

El cladograma de las aves sería como sigue. Primero, una especie de reptil daría origen a los dinosaurios. A continuación, una especie de dinosaurio darían origen a los saurisquios. Un saurisquio originaría los terópodos, los cuales ya tenían tres dedos funcionales y huesos neumatizados. Un terópodo sería el fundador de los tetanuros, con tres dedos en la mano. Un tetanuro fundaría los manirraptores, con el hueso de la muñeca en media luna. Un manirraptor daría origen a las aves, en que revertiría el primer dedo del pie y se reduciría el número de vértebras. El Archaeopterix sería una rama de este clado, siendo otra ave, con cola muy reducida, dedos fusionados en la mano y sin garras en los mismos, la que daría origen a las aves actuales. La conclusión es que las aves son dinosaurios saurisquios, terópodos, tetanuros y maniraptores que se han originado en una especie de estos últimos.

Después de todo, el meteorito no pudo con todos ellos.

© Julio Loras Zaera
Profesor Francho de Fortanete

 
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